Un libro sobre caricaturistas que documentaron el Holocausto fue cancelado después de que su autor se negara a incluir en la introducción críticas a Israel y al gobierno de Donald Trump. Así lo afirma Rafael Medoff, historiador y director fundador del Instituto David S. Wyman para Estudios del Holocausto, con sede en Washington.
Según Medoff y la organización de derechos civiles judíos StandWithUs, el editor Craig Yoe —vinculado al proyecto a través de Yoe Books como «packager» para Dark Horse— envió el 1 de septiembre de 2025 un correo electrónico en el que demandaba añadir una «nota» separada en el libro. En ese mensaje, Yoe describía al gobierno de Trump como un régimen que «intenta crear prisiones estilo campo de concentración» y enviaba residentes a «prisiones tipo gulag» en otros países, y caracterizaba al primer ministro israelí como sujeto de órdenes de arresto del tribunal internacional por «presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad».
Medoff respondió por escrito que las afirmaciones eran «factualmente inexactas» y politizarían la obra. «No hay campos de concentración en América, y no es un país nazi. Usar mal el término 'campos de concentración' disminuye el sufrimiento de las víctimas judías de los campos reales de los años treinta y cuarenta», escribió al editor. Añadió que acusar a Israel de genocidio «es una mentira» y que exigir a un estudioso del Holocausto que denuncie al Estado judío como condición para publicar «es acoso antisemita».
Dark Horse, por su parte, ofreció una versión diferente. Philip Simon, asesor legal de la editorial, indicó en un correo del 3 de junio de 2026 a la directora legal de StandWithUs que Yoe «no cumplió con el calendario planificado» y que la cancelación respondió a «necesidades financieras de la empresa y problemas de agenda que ya habían retrasado demasiado el proyecto». Ni Dark Horse ni Yoe respondieron a las acusaciones de Medoff.
El libro cancelado, titulado Cartoonists Against the Holocaust, recopilaba 150 caricaturas editoriales, nueve de las cuales habían sido publicadas en los años cuarenta. Dark Horse había publicado sin incidentes dos obras anteriores de Medoff: Whistleblowers y Cartoonists Against Racism. Fue solo tras la invasión de Hamas del 7 de octubre de 2023, según el autor y StandWithUs, cuando comenzaron las exigencias políticas.
El caso no es aislado. La caricaturista Miriam Libicki fue excluida del Vancouver Comic Arts Festival en 2024 —aunque se le permitió regresar tras una protesta pública—, y el cineasta Nadav Lapid fue retirado del festival FID Marseille por ser israelí o pro-israelí, según la misma fuente.
Carly Gammill, directora legal de StandWithUs, resumió la paradoja: «Cuando una editorial de cómics presiona a un estudioso del Holocausto para que denuncie al Estado judío antes de que su propio libro sobre el Holocausto pueda ver la luz, la ironía es difícil de ignorar».
Conviene mirar los incentivos. Lo que este episodio revela no es solo un conflicto editorial: es la lógica de un activismo que convierte el acceso al mercado de ideas en moneda de cambio político. Un historiador que documenta uno de los crímenes más graves del siglo XX se ve obligado a pagar un peaje ideológico para publicar. Cuando las instituciones culturales condicionan la difusión del conocimiento a la adhesión a posiciones políticas controvertidas, el daño no recae únicamente sobre el autor rechazado, sino sobre la integridad del debate público. El dato importa más que el ruido: el libro sigue sin publicarse.



