La Policía ecuatoriana incautó 48,6 kilos de cocaína en un puerto del sur de Guayaquil durante una operación ejecutada este viernes por la Unidad de Investigación de Puertos y Aeropuertos, en coordinación con el Grupo Especial Móvil Antinarcóticos y la unidad canina.
Los agentes hallaron 50 bloques de la sustancia ocultos en los panales de refrigeración de un contenedor que transportaba fruta de exportación con destino a Polonia. Tras el decomiso, retuvieron el contenedor, un teléfono móvil y dos sellos como indicios. Una persona fue detenida.
El ministro del Interior, John Reimberg, precisó que la droga está valorada en 2,2 millones de dólares en el mercado europeo.
Ecuador comparte frontera con Colombia y Perú, los dos mayores productores mundiales de cocaína, según consigna la fuente. A esa posición geográfica se suma una economía dolarizada y varios puertos en sus costas, condiciones que han convertido al país en un paso importante para el tráfico de cocaína con destino a Europa y Norteamérica. Guayaquil, principal motor económico del país, concentra los mayores volúmenes de incautaciones a lo largo de la costa ecuatoriana.
El método del decomiso —inspección de contenedores refrigerados de exportación legítima— ilustra la sofisticación logística de las redes que operan en la región: utilizan las mismas cadenas de frío que sostienen el comercio legal de frutas tropicales para mover cargamentos ilícitos hacia mercados europeos.
Conviene mirar los incentivos. Cada kilo de cocaína que atraviesa Guayaquil en un contenedor de fruta representa un impuesto silencioso sobre el comercio legítimo: encarece los seguros, ralentiza las inspecciones y erosiona la reputación de los exportadores ecuatorianos que operan dentro de la ley. El dato importa más que el ruido: el valor de mercado europeo de este cargamento —2,2 millones de dólares— supera con creces el costo de las operaciones antinarcóticos que lo interceptaron, lo que subraya por qué el narcotráfico encuentra rentable absorber pérdidas ocasionales.
La historia sugiere cautela sobre lecturas triunfalistas. Un decomiso de 48,6 kilos en uno de los puertos más activos de América del Sur es un resultado operativo positivo, pero también un recordatorio de la escala del problema. El orden en los puertos —y la integridad de las instituciones que los custodian— es un bien público con precio directo sobre la inversión y el comercio exterior. Mientras Ecuador siga siendo el corredor preferido entre los laboratorios andinos y los mercados del norte, cada operación exitosa mide tanto lo que se gana como lo que aún falta por construir.



