El Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador recomendó este jueves a sus ciudadanos postergar o evitar viajes a Ucrania por el «escenario de seguridad altamente riesgoso e impredecible» que persiste en ese país debido a los recientes ataques registrados entre Ucrania y Rusia.
En un comunicado, la Cancillería ecuatoriana describió la situación como caracterizada por «ataques con misiles y drones, afectaciones a la infraestructura civil, interrupciones en los servicios de transporte y la activación frecuente de alertas aéreas». La advertencia no se limita a quienes planean viajar: el gobierno también pidió a los ecuatorianos que ya se encuentran en territorio ucraniano que se mantengan «informados a través de los canales oficiales de las autoridades locales» y sigan en todo momento las instrucciones de seguridad emitidas por estas.
Ecuador recordó además que mantiene habilitados canales de atención a través de la Sección Consular de su Embajada en Austria —concurrente con Ucrania— y del consulado honorario en ese país, para brindar orientación y asistencia consular a los connacionales.
El contexto internacional respalda la cautela de Quito. El secretario general de la ONU, António Guterres, condenó el lunes pasado, a través de su portavoz, los últimos ataques rusos contra Ucrania y volvió a pedir una desescalada «urgente» del conflicto. Por su parte, la subsecretaria general de la ONU para Asuntos Políticos, Rosemary DiCarlo, urgió este mismo jueves a un alto el fuego: según sus declaraciones, el mes de mayo registró un nuevo récord de víctimas civiles ucranianas, y los datos preliminares de junio son todavía peores.
La advertencia ecuatoriana llega en un momento en que la guerra de desgaste entre Rusia y Ucrania muestra señales de intensificación en lugar de distensión, pese a los llamados diplomáticos reiterados desde múltiples foros multilaterales.
Conviene mirar los incentivos. El dato que DiCarlo pone sobre la mesa —un récord de víctimas civiles en mayo y cifras preliminares de junio aún más graves— ilustra con precisión el costo humano de un conflicto que lleva más de tres años sin solución negociada a la vista. Que un país de tamaño medio como Ecuador se vea obligado a emitir alertas consulares de este calibre revela hasta qué punto la inestabilidad en el flanco oriental de Europa irradia consecuencias sobre el orden internacional en su conjunto. La historia sugiere cautela: los conflictos que acumulan récords de bajas civiles sin que ninguna de las partes ceda terreno decisivo tienden a prolongarse, no a resolverse. El multilateralismo, por ahora, solo produce declaraciones.

