El Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) completó su duodécima noche consecutiva de ataques contra objetivos militares en Irán. La oleada comenzó el miércoles a las 17.30 horas del Este —las 23.30 en España peninsular y la 1.00 del jueves en Irán— y se extendió durante cinco horas, según comunicados difundidos por el propio CENTCOM en redes sociales.
Los objetivos declarados incluyeron «instalaciones marítimas, depósitos de misiles y drones, puestos de vigilancia costera y sistemas de defensa aérea». El mando castrense subrayó que «este mes las fuerzas estadounidenses han atacado decenas de emplazamientos militares iraníes en tierra», al tiempo que describió la reanudación de un bloqueo marítimo contra la República Islámica.
Los daños más significativos de la jornada se registraron en Shalamcheh, localidad fronteriza con Irak. El subdirector de seguridad de la provincia de Juzestán, Valiolá Hayati, declaró a la agencia estatal IRNA que «dos compatriotas han fallecido y once han resultado heridos en el ataque con misiles» cerca de la terminal de pasajeros del paso fronterizo. Las ciudades de Andimeshk, Ahvaz —ambas en Juzestán— y Bushehr, frente al golfo Pérsico, también fueron objeto de bombardeos, aunque las autoridades iraníes no reportaron víctimas en esas localidades.
El propósito declarado por Washington es «reducir aún más la capacidad de Irán para amenazar a los marineros civiles y a los buques mercantes que transitan por las aguas de la región». El CENTCOM rechazó además que la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica pretenda «dar a entender que los navegantes internacionales solo puedan utilizar las rutas que la Guardia considere oportunas», calificando de «falsa» la premisa de que ese cuerpo militar «controle la salida y la entrada del estrecho de Ormuz». El mando aseguró que «desde principios de mayo las fuerzas estadounidenses han ayudado a más de 900 buques a transitar por el estrecho».
Teherán, por su parte, ha mantenido un lenguaje deliberadamente ambiguo respecto a incidentes previos contra petroleros y buques cisterna en la región, aludiendo en ocasiones a «incendios» y «explosiones» sin reivindicar responsabilidad directa.
Conviene mirar los incentivos. El estrecho de Ormuz no es un dato geográfico abstracto: por él circula una fracción sustancial del petróleo que abastece los mercados globales, y cualquier perturbación sostenida se traduce directamente en costos para empresas, consumidores y economías que no tienen voto en este conflicto. La campaña de Washington apunta a restablecer una premisa básica del orden internacional: que las vías navegables de uso común no pueden quedar bajo el veto unilateral de ningún Estado ni de sus fuerzas irregulares.
El dato importa más que el ruido. Doce noches consecutivas de operaciones y más de 900 buques escoltados configuran una presencia militar sostenida, no una acción puntual. La pregunta que los mercados y las cancillerías ya se formulan es si esa presión acumulada abre una vía de negociación o consolida una escalada sin salida diplomática visible.

