El Partido Demócrata libra una batalla interna que ya no puede disimular. En el distrito 25 del Congreso de Florida —un asiento reconfigurado en el sureste del estado, anclado en el condado de Broward— el representante Jared Moskowitz enfrenta una primaria contra Oliver Larkin, candidato de 33 años respaldado por los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés).
Larkin es, según la información disponible, el único candidato a la Cámara con aval de la DSA que compite en uno de los aproximadamente dos docenas de distritos bisagra que determinarán si los republicanos conservan su ajustada mayoría en las elecciones de medio término. La organización ha respaldado a solo cuatro candidatos al Congreso en todo el país.
En una entrevista exclusiva con Fox News, Larkin declaró apoyar «la abolición del Senado», respaldó la postura del alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani, de que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu debería ser arrestado durante su próxima visita a Estados Unidos, y describió a la coalición gobernante de Israel como un «régimen supremacista religioso». Mamdani había argumentado públicamente que Netanyahu es un «criminal de guerra» y exhortó a las autoridades federales a detenerlo, en referencia a una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional.
Larkin es además veterano de la campaña presidencial del senador Bernie Sanders en 2016. Moskowitz, en cambio, cuenta con el respaldo del Comité de Campaña del Congreso Demócrata (DCCC) y mantiene ventaja tanto en las encuestas como en la recaudación de fondos, según la fuente.
El enfrentamiento en Florida llega tras victorias de candidatos de izquierda radical sobre contendientes más moderados en las primarias del mes pasado en distritos de base demócrata en Nueva York y Colorado. El pulso ideológico se extiende ahora a Michigan, Wisconsin y Minnesota, donde se celebrarán primarias estatales a comienzos del próximo mes, antes de que el foco vuelva a posarse sobre Florida.
El dato importa más que el ruido. La DSA no es una fuerza marginal de internet: su estrategia consiste precisamente en colonizar distritos competitivos donde un candidato de izquierda radical puede ganar una primaria con baja participación y luego enfrentar a los republicanos en noviembre con una plataforma que el electorado moderado difícilmente respalde. Abolir el Senado —una cámara diseñada para frenar mayorías circunstanciales y proteger la representación territorial— no es una postura excéntrica de campaña; es una señal sobre cómo se concibe el poder cuando se lo ejerce sin contrapesos institucionales.
Conviene mirar los incentivos. Moskowitz representa la apuesta del establishment demócrata por conservar un escaño que, en un estado de tendencia republicana, exige moderación. Larkin representa la lógica opuesta: radicalizar la base para movilizarla, con independencia del costo electoral en noviembre. Si la experiencia de Nueva York y Colorado se replica en Florida, el Partido Demócrata habrá cedido otro distrito competitivo al ala que prioriza la pureza ideológica sobre la gobernabilidad. Para los votantes que valoran el orden institucional, la propiedad privada y el equilibrio de poderes, el avance de esa corriente no es un asunto interno de la oposición: es una advertencia sobre el tipo de mayoría que podría construirse si los distritos bisagra cambian de manos.



