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Oriente Medio y África

Drones hutíes y milicias proiraníes golpean infraestructura petrolera saudita

Los rebeldes yemeníes atacaron instalaciones clave del oleoducto Este-Oeste mientras milicias respaldadas por Irán en Irak apuntaron a Riad; Arabia Saudita exige a Bagdad que frene el uso de su territorio como plataforma de agresión.
Imagen ilustrativa
Oriente Medio y Áfricalunes 27 de julio de 2026

El lunes, los rebeldes hutíes lanzaron un ataque con drones contra la infraestructura petrolera de Arabia Saudita. El portavoz militar hutí Yahya Saree afirmó que «varios objetivos sensibles y puntos involucrados en el suministro y transporte de crudo desde el este de Arabia Saudita hasta Yanbu fueron alcanzados utilizando varios drones». Yanbu es la ciudad portuaria donde concluye el oleoducto Este-Oeste del reino, una arteria estratégica para las exportaciones hacia el mar Rojo.

En paralelo, el Ministerio de Defensa saudita comunicó que sus fuerzas interceptaron y destruyeron varios drones lanzados desde territorio iraquí por lo que la declaración oficial denominó «milicias terroristas apoyadas por Irán». Esos proyectiles apuntaban tanto a zonas del este saudita como a la capital, Riad. El ministerio exigió al gobierno iraquí que «adopte todas las medidas necesarias para evitar que su territorio sea utilizado como plataforma de ataque».

El episodio se produce pese a una breve pausa en los enfrentamientos directos entre Estados Unidos e Irán, que había comenzado el sábado previo, después de trece días de intercambios de fuego entre ambos bandos. Desde la reanudación de hostilidades a principios de mes, los grupos proiraníes con base en Irak no habían reivindicado ataques en la región; el lunes rompieron ese silencio.

Los hutíes presentaron su ofensiva como represalia por incursiones de drones sauditas sobre Yemen. En los días previos, ambos actores habían intercambiado golpes y los rebeldes yemeníes anunciaron además un bloqueo naval sobre los puertos sauditas, medida que presiona el flujo de exportaciones de crudo a través del mar Rojo.

La convergencia de dos frentes simultáneos —hutíes desde Yemen y milicias desde Irak— ilustra la arquitectura de presión que Teherán mantiene sobre las monarquías del Golfo incluso durante períodos de negociación con Washington. Arabia Saudita y otras naciones del Golfo han acusado en el pasado a esas milicias iraquíes de lanzar múltiples ofensivas contra su territorio en fases previas del conflicto.

Conviene mirar los incentivos. El oleoducto Este-Oeste y el puerto de Yanbu no son solo activos de Aramco: son la válvula de seguridad que permite a Arabia Saudita exportar petróleo sin depender del estrecho de Ormuz. Atacar esa ruta equivale a amenazar la estabilidad del mercado global de hidrocarburos en un momento en que la pausa diplomática entre Irán y Estados Unidos es frágil y reversible.

El dato importa más que el ruido. Mientras las cancillerías debaten ceses al fuego, los proxies iraníes operan con autonomía táctica suficiente para escalar sin que Teherán asuma la responsabilidad directa. Esa arquitectura de negación plausible es el principal instrumento de presión del régimen iraní sobre el orden regional, y el principal argumento para que Washington y sus aliados del Golfo exijan garantías verificables —no solo declaraciones— antes de cualquier acuerdo duradero.

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