La Policía Nacional de Ucrania publicó un video que muestra cómo un dron suicida ruso de corto alcance persigue a un vendedor ambulante en la ciudad de Kherson. Las imágenes registran al aparato flotando durante unos 25 segundos cerca de un vehículo estacionado rodeado de cajas con frutas y verduras, mientras el vendedor —un hombre de 52 años, residente de la región de Mikolaiv— corre alrededor del vehículo con un teléfono en la mano intentando esquivarlo, hasta que el dron explota.
El hombre sobrevivió, pero sufrió heridas por la explosión, lesiones por metralla y una conmoción cerebral, según el informe policial.
«El hombre del video no muestra indicios de ser un combatiente; simplemente está trabajando en el mercado. Sin embargo, para el ejército del país agresor, sigue siendo un objetivo», señala el comunicado de la Policía Nacional de Ucrania. La institución subrayó: «Así es como 'luchan' los rusos. Atacan deliberadamente a civiles».
Desde mediados de 2024, se han producido ataques deliberados con drones de corto alcance, equipados con cámaras y explosivos, contra Kherson y otras zonas a lo largo del río Dniéper, en el sur de Ucrania. Los aparatos son operados por tropas rusas desde el otro lado del río. Solo en julio de 2026, 29 personas murieron y 395 resultaron heridas en ataques de este tipo en Kherson, ciudad donde aún viven unos 50.000 habitantes, según Yaroslav Shmanko, jefe de la administración militar de la ciudad.
En 2025, la comisión de la ONU concluyó que los ataques con drones de las fuerzas armadas rusas contra civiles en la región de Kherson son «a gran escala, sistemáticos y forman parte de una política coordinada por el Estado» y constituyen crímenes de lesa humanidad.
El dato importa más que el ruido. Lo que el video documenta no es un incidente aislado ni un error de targeting: es la lógica de una campaña que, según la propia comisión onusiana, responde a una política coordinada por el Estado ruso. Kherson no es una zona de combate activo en el sentido convencional; es una ciudad con decenas de miles de civiles que intentan sostener una economía de subsistencia bajo fuego diario.
Conviene mirar los incentivos. Mientras el debate diplomático en las capitales occidentales gira en torno a líneas rojas y calendarios de negociación, los 50.000 habitantes que permanecen en Kherson enfrentan una aritmética brutal: 29 muertos y 395 heridos en un solo mes. El orden internacional que protege a los no combatientes no se defiende con comunicados; se defiende con consecuencias reales para quienes lo violan.

