La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán afirmó que «dos buques petroleros infractores» habrieron «explotado» cuando intentaban transitar por el sur del estrecho de Ormuz. Según un comunicado recogido por la agencia Tasnim, próxima al propio órgano castrense, los buques actuaban «instigados y coaccionados por el Ejército infantil estadounidense».
Teherán no dejó lugar a ambigüedades sobre sus intenciones. «Mientras continúen las malas acciones de Estados Unidos en la región, este paso no será seguro para el transporte de fertilizantes químicos ni siquiera para el de una sola gota de petróleo o gas», advirtió la Guardia Revolucionaria. La amenaza va acompañada de la promesa de que «la intervención del ejército terrorista estadounidense desde miles de kilómetros de distancia será castigada con toda severidad».
Por su parte, el Centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO), vinculado a la Armada británica, confirmó de forma independiente un incidente en la zona: un buque en llamas a 8 millas náuticas —unos 14,8 kilómetros— al noroeste de Kumzar, en aguas de Omán. El organismo señaló que «la causa del incendio aún no se ha verificado» y recomendó a las embarcaciones «navegar con precaución e informar de cualquier actividad sospechosa».
La coincidencia geográfica y temporal entre el comunicado iraní y el reporte británico añade tensión a una situación ya de por sí volátil. Ormuz es el cuello de botella por el que transita una fracción significativa del comercio energético global; cualquier interrupción sostenida repercute de inmediato en los mercados de materias primas y en las cadenas de suministro que dependen del crudo del Golfo Pérsico.
Los detalles operativos —identidad de los buques, su bandera, carga exacta y el alcance de los daños— no han sido verificados de forma independiente hasta el momento de esta publicación. La versión iraní, difundida a través de un canal informativo afín a la Guardia Revolucionaria, no ha sido corroborada por fuentes neutrales ni por Washington.
Conviene mirar los incentivos. Irán escala su retórica en el estrecho en un momento en que las presiones diplomáticas y económicas sobre el régimen de los ayatolás se han intensificado. Bloquear o amenazar Ormuz es el instrumento de disuasión más inmediato con que cuenta Teherán; usarlo —o simplemente agitar la amenaza— eleva el precio del petróleo, genera presión sobre los aliados occidentales y complica el cálculo estratégico de Washington.
El dato importa más que el ruido. Independientemente de la narrativa que cada parte construya sobre la responsabilidad de los incidentes, lo que está en juego es la libertad de navegación en una arteria comercial de primer orden. La política de máxima presión impulsada por la administración Trump busca precisamente limitar los márgenes de maniobra de Teherán; que Irán responda escalando en Ormuz indica que el régimen prefiere el riesgo de confrontación al de la rendición económica. La historia sugiere cautela: cada episodio en el estrecho que queda sin consecuencias claras refuerza el cálculo de que la amenaza funciona.

