La confirmación de la muerte de Antonio Macías Montaño, seis días después del ataque contra Israel, cerró la búsqueda de su familia y elevó a dos la cifra de colombianos asesinados en el episodio del 7 de octubre de 2023. Él tenía 28 años. Ivonne Rubio tenía 26.
Ambos murieron mientras asistían al festival de música electrónica Tribe of Nova, a cinco kilómetros de la Franja de Gaza, en la zona de Kibutz Re’im, en el desierto del Neguev. La pareja residía en Kfar Saba, en el Distrito Central de Israel, y había dejado a sus dos hijos, de seis y cuatro años, al cuidado de familiares para ir al evento por su aniversario.
Rubio fue identificada el 11 de octubre mediante pruebas de ADN realizadas a sus familiares. Dos días después, la Policía de Israel confirmó a la familia de Macías que su cuerpo había sido localizado entre las víctimas del ataque, según información divulgada por las autoridades nacionales en ese momento.
Antes de perder contacto con sus allegados, Ivonne Rubio le escribió a su padre, Julio Rubio: «Papi, estamos en guerra». El mensaje fue enviado cerca de las 7:15 de la mañana del 7 de octubre. Después, la familia no volvió a tener noticias de ella.
Sus padres denunciaron su desaparición y entregaron muestras de ADN a las autoridades israelíes para facilitar la identificación. Los familiares de Antonio Macías recorrieron hospitales y difundieron su fotografía en redes sociales para tratar de ubicarlo. La incertidumbre se prolongó hasta el 13 de octubre, cuando recibieron la confirmación de su fallecimiento.
De hecho, Juan Hernán Hincapié, tío político de Macías, comentó en una entrevista con France24 que la familia temía dos posibilidades: que Antonio estuviera entre los cadáveres aún pendientes de identificación o que hubiera sido secuestrado durante la incursión.
Los reportes también señalan que la pareja habría corrido hacia un refugio antiaéreo al escuchar las sirenas. Varias personas se ocultaron allí durante la incursión, pero el lugar fue atacado con explosivos y disparos. Días después se confirmó el hallazgo del cuerpo.
La confirmación oficial llegó por varias vías. El entonces Ministerio de Relaciones Exteriores informó que la embajadora Margarita Manjarrez había hablado con el padre de Rubio y que las pruebas de ADN establecieron que Ivonne se encontraba entre los fallecidos. También expresó su «profundo pesar y absoluta solidaridad».
Tras la confirmación de los fallecimientos, el Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno del expresidente Gustavo Petro lamentó informar los asesinatos de los connacionales «en medio de los gravísimos sucesos ocurridos en un desierto al sur de Israel». El despacho añadió sus condolencias a la familia y amigos.
La muerte de Rubio y Macías dejó huérfanos a sus dos hijos. La familia despidió a Rubio el 12 de octubre en Jerusalén, y tenía previsto realizar el funeral de Macías dos días después.
Conviene mirar los incentivos. Cuando una organización armada convierte un festival de música en escenario de muerte, el resultado no es solo un parte militar. Es un golpe contra la vida civil, contra la familia y contra cualquier idea de orden internacional.
Y cuando el saldo incluye a dos colombianos, la historia deja de ser una noticia lejana. Pone en primer plano una verdad incómoda: los civiles pagan primero. El Estado, dentro o fuera de sus fronteras, llega después. Lo demás es ruido.
