La delegación estadounidense ante las Naciones Unidas abandonó una reunión del Consejo de Seguridad el lunes tras un enfrentamiento abierto con Francia, desencadenado por el voto del viernes en que Washington se opuso a extender el mandato de Volker Türk como Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.
El detonante inmediato fue una publicación de la delegación francesa en Ginebra. «The U.S. used to be a beacon of human rights. Not anymore. Today, it stands alongside North Korea, Nicaragua, Mali & Russia, isolated. And the world no longer listens to it», escribió París en X el sábado. La respuesta estadounidense no se hizo esperar: la Misión de EE.UU. ante la ONU calificó al sistema de derechos humanos de la organización de institución que «ha perdido credibilidad durante décadas» y afirmó que Türk «lo llevó a su lecho de muerte».
El embajador Mike Waltz subió la apuesta desde su propia cuenta en X. Calificó de «decepcionante, aunque no sorprendente» que Francia «desvíe la atención de su vergonzoso voto de proteger a algunos de los peores violadores de derechos humanos». Waltz acusó a París de haber respaldado a alguien que, según él, «se dedica a sermonear a democracias libres y soberanas como Estados Unidos, el Reino Unido e Israel, mientras se acerca a los peores opresores del mundo».
El walkout ocurrió durante la intervención del embajador francés Jérôme Bonnafont. Poco después, el subsecretario adjunto Dan Negrea regresó a la sala y tomó la palabra. «Este grandstanding deshonesto es cansador, pero lo hemos tolerado por camaradería y respeto mutuo como miembros del E5», dijo Negrea, quien recordó que Estados Unidos ha respaldado a Francia «en cada conflicto en que sus libertades han estado en peligro» y reafirmó que Washington «sigue siendo el faro de libertad para el mundo». Anunció que la delegación no escucharía más «cháchara politizada» hasta que París «renuncie a su retórica condescendiente y se comporte de manera acorde con su asiento en este consejo».
Bonnafont respondió subrayando la alianza histórica entre ambos países y recordó que Francia participó en las celebraciones del 250 aniversario de la independencia estadounidense.
El resultado final del voto sobre Türk fue 144 estados a favor, 10 en contra y 13 abstenciones, lo que garantizó la renovación del funcionario austríaco pese a la oposición de Washington.
El episodio expone una fractura que va más allá del protocolo diplomático. El aparato de derechos humanos de la ONU lleva años bajo cuestionamiento desde sectores que señalan su selectividad: organismos que dedican sesiones enteras a democracias de mercado mientras guardan silencio cómplice frente a regímenes autoritarios. Que Francia haya equiparado públicamente a Estados Unidos con Corea del Norte y Rusia no es un argumento; es una señal de cuánto ha cedido el establishment multilateral al activismo ideológico disfrazado de universalismo.
Conviene mirar los incentivos. El sistema de Ginebra se financia en buena medida con contribuciones de los mismos países a los que luego señala. Washington, al votar en contra y retirarse de la sala, envía una advertencia que Bruselas y París harían bien en tomar en serio: la paciencia de los contribuyentes americanos con instituciones que los usan de blanco tiene un límite. El dato importa más que el ruido: 144 votos a favor de Türk incluyen a decenas de estados cuyo propio historial de derechos es, cuando menos, cuestionable.

