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Diez homicidios en una semana tensionan al gobierno de Orsi

Uruguay registró diez asesinatos en siete días y la oposición exige la renuncia del ministro del Interior, Carlos Negro. El presidente Yamandú Orsi lo ratificó en el cargo.
Imagen ilustrativa
Las Américasdomingo 19 de julio de 2026

Uruguay cerró una semana con diez homicidios registrados, una cifra que el Ministerio del Interior presentará oficialmente este lunes junto con los datos del primer semestre. La tendencia ya era conocida en los despachos: el propio ministro Carlos Negro adelantó que «en este semestre va a haber un aumento leve de la tasa de homicidios», según declaraciones recogidas por Infobae.

Los hechos más resonantes incluyeron un doble crimen en el barrio Los Bulevares, una balacera en Cerro Norte —zona marcada por el enfrentamiento entre grupos criminales— y el ingreso de una bala perdida a un liceo. El noticiero Telemundo, de Canal 12, detalló los casos a lo largo de la semana.

El cuadro desató presión opositora inmediata. El senador Andrés Ojeda, del Partido Colorado, pidió la renuncia de Negro y fue directo en su diagnóstico: «Negro está solo, sin respaldo electoral y sin resultados». Ojeda también cuestionó la postura presidencial: «Creo que el presidente, al darle el respaldo constante sin consultar, cuestionar ni preguntar sobre el rumbo de la seguridad, quizás no esté tomando la decisión más atinada. La seguridad es uno de los principales problemas de la gente».

Orsi respondió sin vacilaciones. «Si yo fuera a llevar a cabo todas las renuncias que me han pedido, me quedo sin gabinete. Tienen todos mis respaldos, el ministro Negro, por supuesto, y cada vez más, porque lo veo trabajar como con todo el equipo», afirmó el presidente en rueda de prensa. Negro, por su parte, agradeció el gesto y recordó que «la renuncia siempre está presentada» y que su continuidad depende exclusivamente del jefe de Estado.

El ministro ofreció además un dato que matiza parcialmente el panorama: según estimaciones preliminares, el abigeato registrará «una disminución muy importante» en el mismo semestre. Los números definitivos, dijo, se conocerán el lunes.

Conviene mirar los incentivos. Un gobierno que absorbe el costo político de sostener a un ministro cuestionado, en lugar de ajustar la estrategia de seguridad, envía una señal inequívoca: la lealtad interna pesa más que la rendición de cuentas ante la ciudadanía. Esa lógica tiene un precio, y lo pagan los uruguayos que viven en los barrios donde las balas perdidas entran a los colegios.

El dato importa más que el ruido. Uruguay fue durante décadas una excepción regional en materia de orden público. Que una semana con diez homicidios y una balacera en un barrio capitalino ya no sorprenda es, en sí mismo, un indicador de deterioro institucional. La historia sugiere cautela: los gobiernos que normalizan la violencia en lugar de confrontarla suelen descubrir, tarde, que el problema se vuelve estructural. La presentación de cifras oficiales este lunes será el primer termómetro real de hasta dónde llega el daño.

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