Cali acogerá el viernes 7 de agosto una investidura presidencial sin precedentes en la historia reciente de Colombia. Abelardo de la Espriella jurará el cargo fuera de Bogotá por primera vez en décadas, en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, en un acto que el propio mandatario electo describió como «austero» y como «la primera demostración de que la descentralización deja de ser un discurso para convertirse en una realidad».
El alcalde de Cali, Alejandro Eder, confirmó el lunes que diez delegaciones del más alto nivel asistirán al acto. Entre los jefes de Estado figuran el rey Felipe VI de España y los presidentes Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), Laura Fernández (Costa Rica), José Raúl Mulino (Panamá), Luis Abinader (República Dominicana), José Antonio Kast (Chile) y Nasry Asfura (Honduras). El Salvador y Guatemala estarán representados por sus vicepresidentes, Félix Ulloa y Karin Herrera, respectivamente. Completan la nómina el primer ministro de Curazao, Gilmar Pisa, en representación del Reino de los Países Bajos, y el canciller de Brasil, Mauro Vieira.
Un elemento de particular peso diplomático es la presencia del ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Sa'ar. Según informó Eder, el gobierno de De la Espriella reanudará de inmediato las relaciones diplomáticas con Tel Aviv, rotas en mayo de 2024 por el presidente saliente Gustavo Petro como rechazo a la guerra de Gaza. La señal es inequívoca: el nuevo gobierno colombiano recalibra sus alineamientos internacionales desde el primer minuto.
Eder no precisó si habrá representación de Venezuela —país con el que Petro normalizó relaciones en septiembre de 2022— ni quiénes asistirán en nombre de Perú y México. Sobre Estados Unidos, la fuente indicó que se espera «una delegación de alto nivel», dado que el presidente Donald Trump apoyó reiteradamente a De la Espriella durante la campaña electoral.
El perfil del bloque confirmado no es casual. Milei, Noboa, Mulino, Kast, Abinader: la lista lee como un directorio del arco latinoamericano que apuesta por orden fiscal, inversión privada y vínculos estrechos con Washington. La ausencia —o silencio— sobre Venezuela y la presencia israelí refuerzan esa lectura.
Conviene mirar los incentivos. De la Espriella elige Cali —ciudad golpeada por años de violencia y desinversión— como escenario de apertura, y lo hace con austeridad declarada. Ambas decisiones tienen costo político y beneficio simbólico: señalan a los mercados y a los socios regionales que el nuevo gobierno privilegia la descentralización real sobre el ceremonial capitalino. El dato importa más que el ruido: Colombia regresa al mapa de los destinos confiables para la inversión, y la composición de la sala el 7 de agosto es, en sí misma, el primer comunicado de política exterior del nuevo gobierno.



