La destitución del ministro de Defensa de Ucrania, Mijailo Fédorov, ordenada por el presidente Volodimir Zelensky apenas seis meses después de que asumiera el cargo, desencadenó protestas en Kiev, Leópolis y otras grandes ciudades, y reabrió un debate urgente sobre la estrategia militar del país en plena guerra.
Fédorov, de 35 años, compareció ante la prensa el jueves y reveló que su salida se produjo tras lo que describió como un «ultimátum de facto» del comandante en jefe del Ejército, Oleksandr Sirski. En una declaración inusual para un alto cargo del equipo de Zelensky, criticó la «falta de visión estratégica», el «mando caótico» y las constantes «mentiras» en el ejército y el sector de la defensa, según recogió EFE.
El ministro saliente señaló que sus intentos de transformar el sector fueron bloqueados sistemáticamente por Sirski, y trazó una línea divisoria clara entre dos filosofías de guerra: «Cuando la tecnología está en guerra, perdemos drones, no personas», afirmó, en contraste con lo que describió como la dependencia del general en asaltos de infantería de alto coste humano.
Zelensky, por su parte, reconoció la dificultad de la situación. «Francamente, un presidente en tiempos de guerra no debería tener que elegir en una situación así», dijo, y añadió: «Me gustaría mucho que hubiera unidad». El presidente también apuntó al supuesto fracaso de Fédorov en reformar el proceso de movilización, cada vez más impopular entre la población.
Fédorov respondió que «es imposible resolver la cuestión de la movilización sin un nuevo contrato social y sin cambios reales en el ejército», y subrayó que los soldados «necesitan respeto», contratos claros y «líderes adecuados».
La reacción dentro de las Fuerzas Armadas fue inmediata y dividida. Pavló Elizarov, a quien se atribuye la creación de una de las unidades de drones más eficaces, dimitió como subjefe de la Fuerza Aérea en señal de protesta. En sentido contrario, los líderes de los cuerpos de Azov y Jartia expresaron su apoyo a Íhor Klimenko, ministro del Interior saliente y posible reemplazante de Fédorov, aunque según la fuente no tiene garantizada la mayoría de los votos de los diputados.
Entre los manifestantes, la figura de Fédorov concentró una expectativa que va más allá de su cargo. «Fédorov es el primer ministro en la historia de Ucrania que ha comenzado a transformar el sistema», declaró Svitlana Nagorna-Gordiichuk, líder de la fundación «Voluntarios de Lemberg», en una concentración en Leópolis. Algunos manifestantes anunciaron que continuarán protestando hasta que Zelensky revoque la decisión.
Conviene mirar los incentivos. La crisis no es solo un conflicto de personalidades: refleja una tensión estructural entre una doctrina militar heredada de la era soviética y una apuesta por la guerra tecnológica y asimétrica que Ucrania, con recursos humanos limitados, no puede permitirse ignorar. La movilización impopular y las bajas en el frente son el precio visible de esa tensión. Zelensky optó por preservar a su comandante en jefe a costa de su ministro más innovador; si esa decisión fortalece o debilita la capacidad de resistencia de Kiev es la pregunta que los próximos meses responderán. El dato importa más que el ruido: en una guerra de desgaste, la cohesión del mando y la eficiencia del gasto en defensa no son variables secundarias.

