Donald Trump calificó el entendimiento como «un gran paso para Medio Oriente» y lo describió, un día antes, como «un hito importante» hacia el fin de la guerra en Gaza. Sin embargo, el mismo día en que su Consejo de Paz publicó la hoja de ruta de 15 puntos, las señales de ambas partes apuntaban en direcciones opuestas.
El documento exige a Israel poner fin a sus ataques y a Hamas entregar sus armas. El problema es el orden. Hamas condicionó la entrega de su «armamento pesado» a la retirada israelí de Gaza, a la reconstrucción del enclave, al establecimiento de un Estado palestino y a otras condiciones. El gobierno israelí respondió, por medio de fuentes anónimas citadas por Reuters, que «no habrá ninguna retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel de la actual Línea Amarilla a menos que Hamas se someta a un desarme genuino».
La hoja de ruta concede a las partes dos semanas para fijar un calendario, plazo que un comité de verificación internacional puede prorrogar. Ese mecanismo no resuelve la contradicción de fondo: quién se mueve primero.
El negociador de Hamas, Ghazi Hamad, declaró a Reuters que el grupo estaba dispuesto a aceptar un pacto «difícil y doloroso», pero evitó usar la palabra desarme. Describió el entendimiento como un «marco integral» supeditado a que Israel aplicara la primera fase del acuerdo de Sharm el-Sheikh, que obliga a cesar los ataques, replegar las fuerzas a la posición de octubre y aumentar la ayuda humanitaria. Solo entonces, según Hamad, Hamas entregaría sus armas para su almacenamiento ante el Comité Nacional para la Administración de Gaza.
El texto distingue entre «armamento pesado» —la categoría que Hamas mencionó en su comunicado— y la totalidad del arsenal, que es lo que la hoja de ruta exige desmantelar. La excepción contemplada son las armas personales registradas ante el comité. La brecha semántica no es menor: la lucha armada es central en la ideología del movimiento islamista, y según funcionarios israelíes citados en la fuente, Hamas no aceptará una entrega completa.
Shira Efron, presidenta de política sobre Israel en la RAND Corporation, señaló al New York Times que la maniobra de Hamas busca trasladar la presión. «Durante meses, la narrativa ha sido que Hamas no quiere desarmarse», afirmó, y anticipó que ambas partes podrían volver pronto a «un juego de culpas recurrente», acusándose de incumplir sin que cambie mucho en la práctica.
El escepticismo también abunda en el terreno. Pocas horas después del anuncio, autoridades médicas locales informaron de un palestino muerto y varios heridos en al menos dos ataques israelíes. Más de 1.200 personas han muerto en el territorio desde el alto el fuego de octubre, según el Ministerio de Salud de Gaza.
Conviene mirar los incentivos. Trump necesita un logro diplomático visible; Hamas necesita tiempo y presión internacional sobre Israel; Israel necesita garantías antes de ceder terreno. Esa triangulación explica por qué el anuncio fue posible y por qué su ejecución es improbable en el plazo previsto. El dato importa más que el ruido: el arsenal de Hamas ha sido el punto de fricción durante meses de conversaciones en Egipto, y una hoja de ruta de 15 puntos no elimina ese nudo; lo aplaza. La historia sugiere cautela ante acuerdos cuya secuencia de cumplimiento no está resuelta antes de la firma.

