Deportivo Cali dio un paso importante hacia su tricampeonato consecutivo en la Liga Femenina de Colombia al vencer 2-3 a Santa Fe en el duelo de ida de la final, disputado en Tunja.
El equipo dirigido por Jhon Albert Ortiz sorprendió a las capitalinas y se puso 3-0 arriba con goles de Jessica Bermeo, Ingrid Guerra y Melanin Aponzá, a los minutos 13, 17 y 24. Santa Fe reaccionó con un doblete de Mariana Zamorano, a los minutos 32 y 42, y redujo la diferencia antes del descanso.
En el segundo tiempo, las locales insistieron en buscar el empate, pero el marcador no se movió. Ahora, las bogotanas tendrán que viajar a Cali para intentar revertir la serie y quedarse con el título.
El partido de vuelta se jugará este sábado a las 6:00 de la tarde en el estadio Palmaseca, de Palmira. Los voceros de Santa Fe confirmaron que al duelo de ida llegaron más de 10.000 aficionados, una muestra del interés que despierta esta final y de la capacidad de convocatoria de un torneo que sigue ganando espacio.
Cali y Santa Fe tienen tres títulos cada uno. El Cali es bicampeón y busca confirmar un tricampeonato que, de concretarse, reforzaría su dominio reciente en la competencia. Conviene mirar los incentivos: en el deporte, como en la economía, la ventaja se sostiene con disciplina, ejecución y continuidad, no con relatos.
Los dos finalistas ya están clasificados por Colombia a la Copa Libertadores femenina, que se disputará desde el 15 de octubre en Quito, Ecuador. El subcampeón tendrá que medirse ante Corinthians, campeón defensor, Colo Colo y Caracas. El campeón de Colombia enfrentará en fase de grupos a Libertad, Nacional y Universidad de Chile.
Ese detalle no es menor. El campeón no solo levanta el trofeo local: también mejora su posición internacional. El dato importa más que el ruido. En torneos como este, la diferencia entre ganar y perder no se limita a una medalla; afecta el calendario, el cruce y la exigencia que cada club arrastra después.
Para el fútbol femenino colombiano, la final deja una señal positiva: dos equipos con títulos, una tribuna nutrida y una definición abierta. Para los clubes, en cambio, la fotografía es más concreta. Cali protege una ventaja construida fuera de casa; Santa Fe queda obligado a corregir rápido si quiere evitar que el tricampeonato tenga dueño en Palmira.
La historia sugiere cautela. Una final rara vez se explica solo por el impulso del primer partido, pero tampoco por la esperanza del local. La llave se define en el campo, y allí cada error pesa como un impuesto sobre la ambición.


