El Ejército de Estados Unidos ejecutó este jueves su decimotercera noche consecutiva de ataques contra objetivos militares en Irán. El Comando Central (CENTCOM) confirmó las operaciones en un mensaje publicado en redes sociales a las 18:45 horas ET, describiendo los blancos como «centros de mando militar, instalaciones de almacenamiento de drones, redes de comunicación, emplazamientos de vigilancia costera y capacidades marítimas» de la República Islámica.
Las autoridades iraníes reportaron al menos cuatro muertos y siete heridos durante esta jornada. Los cuatro fallecidos y cinco de los heridos se registraron en los alrededores de Ahvaz, capital de la provincia de Juzestán, según informó el subdirector de seguridad provincial, Valiolá Hayati, quien inicialmente había descartado víctimas antes de rectificar su declaración. En Bandar Abbas, capital de la provincia de Hormozgan —situada frente al estratégico estrecho de Ormuz—, dos personas resultaron heridas y se produjeron cortes de electricidad tras el impacto de metralla en varios edificios residenciales, de acuerdo con el director provincial de la Media Luna Roja, Mojtar Salahshur. Los ataques alcanzaron también las ciudades de Jandab, en la provincia de Markazi, y Jorramabad, en Lorestán, donde las autoridades locales advirtieron que aún se evaluaban «las pérdidas humanas y económicas».
Juzestán acumula el mayor daño registrado en estas dos semanas de hostilidades. Según Hayati, bombardeos en doce ciudades de esa provincia han causado la muerte de diez ciudadanos a lo largo de las últimas 13 jornadas. Un ataque previo contra un paso fronterizo, en la madrugada del jueves, dejó dos fallecidos y once heridos.
El balance sanitario acumulado, divulgado por el portavoz del Ministerio de Sanidad iraní, Hosein Kermanpur, antes del inicio de esta última oleada, ascendía a 55 muertos y 629 heridos. Entre los fallecidos figuran seis mujeres y tres menores de 18 años; entre los heridos, 46 mujeres y 24 menores. Treinta y seis personas permanecían hospitalizadas al momento del informe.
Washington justifica las operaciones en términos de navegación comercial. CENTCOM reiteró que el estrecho de Ormuz «permanece abierto al tránsito pese a los recientes ataques de la Guardia Revolucionaria Islámica», y que «más de 50.000 militares estadounidenses se encuentran actualmente desplegados en Medio Oriente» para garantizar esa libertad de paso. «Los buques comerciales continúan navegando libremente por el estrecho con el apoyo militar estadounidense», agregó el comunicado.
Conviene mirar los incentivos. La campaña estadounidense tiene una lógica de coerción acotada: degradar la capacidad operativa de la Guardia Revolucionaria sin escalar hacia un conflicto terrestre, mientras se mantiene abierta la arteria por la que transita una porción significativa del comercio global de hidrocarburos. El estrecho de Ormuz no es un detalle geográfico menor; es el punto de presión sobre el que descansa buena parte del orden energético internacional. Que Washington haya elegido ese argumento —y no otro— como justificación pública revela dónde está el verdadero cálculo estratégico. El dato importa más que el ruido: trece noches de ataques sostenidos sin cierre diplomático visible es una señal de que ninguna de las dos partes ha encontrado aún el precio de salida.

