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De Táchira y Bolívar a Caraballeda: dos venezolanos se convierten en puente entre pacientes y médicos británicos

Carlos Aguilar e Israel Rivas recorrieron más de 700 kilómetros cada uno para servir como intérpretes del Equipo Médico de Emergencia del Reino Unido en la zona devastada por los terremotos del 24 de junio.
Imagen ilustrativa
Las Américasviernes 17 de julio de 2026

El doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudió el norte de Venezuela el 24 de junio dejó al menos 4.930 muertos, más de 16.700 heridos y cerca de 18.000 personas sin vivienda, según cifras recogidas por EFE. La región costera de La Guaira, aledaña a Caracas, concentró buena parte de la destrucción. En ese escenario, la respuesta internacional encontró un obstáculo inmediato: la barrera del idioma.

Carlos Aguilar, entrenador de fútbol de 37 años oriundo de San Cristóbal, estado Táchira, recorrió más de 800 kilómetros en vehículo desde el oeste del país. Israel Rivas, de 24 años, salió de San Félix, estado Bolívar, en el extremo este, y cubrió unos 700 kilómetros junto a un grupo de mineros de la región que le facilitaron casco y chaleco. Ninguno de los dos se conocía antes de la catástrofe.

Ambos tomaron la decisión de partir tras ver videos en redes sociales. Carlos llegó a La Guaira el 26 de junio gracias a un aventón; Israel partió el 28 de junio por la noche y arribó al día siguiente. El primer trabajo de Carlos como intérprete surgió de forma espontánea: al ver que un grupo preguntaba en inglés a militares venezolanos y civiles dónde instalar su base de operaciones y «nadie entendía», se acercó y ofreció traducir. Según declaró a EFE, lo «acogieron como parte del equipo» de inmediato.

Ambos colaboraron primero con rescatistas británicos y luego pasaron al hospital de campaña del Equipo Médico de Emergencia del Reino Unido (UK EMT) instalado en Caraballeda, una de las localidades más destruidas. Allí enfrentan el reto cotidiano de traducir terminología médica especializada para conectar a los pacientes venezolanos con el personal sanitario extranjero.

Israel, quien estudió inglés en un instituto y luego por su cuenta, declaró a EFE que su propósito es «ayudar a las personas y comunicar un mensaje de esperanza, de vida y de fe». El equipo de búsqueda y rescate del Reino Unido anunció una recaudación para comprarle una cámara fotográfica, afición que cultiva desde pequeño, y le entregó una carta de agradecimiento en nombre de la Corona británica. Israel también expresó interés en aprender japonés y en ejercer como intérprete profesional en el futuro.

Carlos, por su parte, tiene previsto permanecer en La Guaira hasta el 14 de agosto, fecha en que el UK EMT tiene programada su retirada, aunque reconoce que necesita regresar unos días a casa para reencontrarse con su familia.

Conviene mirar los incentivos. En una Venezuela donde el Estado ha demostrado durante años una capacidad institucional menguante, son ciudadanos ordinarios —un entrenador de fútbol y un joven autodidacta— quienes cubren vacíos que ningún aparato burocrático llenó a tiempo. La solidaridad espontánea y la iniciativa individual no son anécdotas sentimentales: son el recordatorio de que las sociedades civiles sobreviven, y a veces prosperan, a pesar de sus gobiernos. El dato importa más que el ruido: en la zona del desastre, la diferencia entre un paciente atendido y uno ignorado la marcó alguien que estudió inglés por su cuenta, sin subsidio ni mandato oficial.

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