Abelardo De La Espriella, presidente electo de Colombia, se reunió este jueves en Bogotá con el embajador de Japón, Shimizu Toru. A la cita asistieron también el ministro designado de Comercio, Mauricio Gómez Amín, y la primera dama, Ana Lucía Pineda.
Según el equipo de trabajo del mandatario electo, el encuentro sirvió para revisar «una hoja de ruta para ampliar, diversificar y profundizar la cooperación bilateral, fortalecer el intercambio comercial, atraer nuevas inversiones, promover el turismo, impulsar la innovación y abrir nuevos mercados de alto valor para los productos colombianos».
De La Espriella fue explícito sobre el lugar que Tokio ocupará en su política exterior: «Japón será un aliado estratégico de Colombia en la patria milagro. Vamos a trabajar para que nuestros productos lleguen a más mercados, para atraer más inversión al país y para que el mundo conozca la capacidad productiva, la riqueza, la belleza y la berraquera de Colombia».
La reunión, celebrada antes de que De La Espriella tome posesión formal del cargo, anticipa un estilo de gestión que privilegia los contactos directos con potencias comerciales desde la etapa de transición. La presencia del ministro designado de Comercio en el encuentro sugiere que los compromisos bilaterales tendrán seguimiento institucional desde el primer día de gobierno.
Conviene mirar los incentivos. Una hoja de ruta bilateral con Japón —centrada en comercio, inversión y turismo— apunta a los ejes que los mercados y los inversionistas consideran señales de apertura: acceso a nuevos destinos para exportaciones colombianas, atracción de capital extranjero y diversificación de socios. Estos objetivos son coherentes con una agenda de libre empresa y de inserción competitiva en la economía global.
El dato importa más que el ruido. Que el presidente electo convoque a su ministro de Comercio designado para una reunión diplomática antes de asumir el poder indica que la política comercial no será un asunto secundario ni postergable. Para Colombia, abrir mercados de alto valor requiere certeza jurídica, estabilidad regulatoria y una señal clara hacia los socios potenciales de que las reglas del juego serán predecibles. La hoja de ruta con Japón es, en ese sentido, un primer termómetro del tipo de relaciones internacionales que De La Espriella pretende construir.



