El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, encabezó este lunes el desfile militar del Día de la Independencia en Medellín, capital de Antioquia, en un acto cargado de simbolismo político a dieciocho días de su posesión.
De la Espriella estuvo acompañado por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y por el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón. Los tres representan el eje político que articuló la victoria opositora en el departamento: el presidente electo obtuvo allí el 64,42% de los votos y ganó en 108 de los 125 municipios.
«Antioquia resistió y Colombia se salvó», afirmó De la Espriella ante la multitud. La frase condensa la narrativa que su campaña construyó durante meses: la elección del 21 de junio no como una alternancia ordinaria, sino como una defensa de la institucionalidad frente a lo que su movimiento denominó «tiranía». «Colombia no tiene cómo agradecerle a este pueblo de gente bravía, trabajadora. A este pueblo de patriotas que decidió derrotar la tiranía para defender la democracia, la libertad y la institucionalidad», declaró el mandatario electo.
En el desfile participaron más de 5.000 integrantes de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y organismos de socorro, según la Alcaldía de Medellín, para conmemorar los 216 años de la Independencia de Colombia.
El acto en Medellín coincidió con el desfile en Bogotá, presidido por el mandatario saliente, Gustavo Petro, quien encabezó por última vez la celebración antes de instalar el nuevo período ordinario de sesiones del Congreso en el Capitolio Nacional. La imagen de los dos actos simultáneos —el poder que llega y el poder que se va— sintetizó la transición en curso.
La jornada no estuvo exenta de tensión política de fondo. Según informaciones publicadas por el mismo medio, Petro llamó a una «huelga general e indefinida» si De la Espriella deroga sus reformas tras asumir el 7 de agosto. El anuncio revela que el petrismo no planea retirarse al silencio de la oposición convencional, sino activar la movilización social como instrumento de presión extrainstitucional.
Conviene mirar los incentivos. Antioquia no es solo el departamento más poblado del interior colombiano: es también el motor industrial y exportador del país, y el símbolo de una cultura de trabajo y empresa que el ciclo Petro trató de reformar a fondo sin lograrlo del todo. Que De la Espriella haya elegido Medellín —y no Bogotá— para su primer gran acto de proyección presidencial dice algo sobre dónde ancla su legitimidad y qué modelo de país quiere encarnar.
El dato importa más que el ruido. La diferencia entre el 64,42% en Antioquia y la amenaza de huelga general desde el bando saliente describe con precisión el terreno que el nuevo gobierno deberá administrar: una mayoría electoral sólida en las regiones productivas, y una minoría ruidosa dispuesta a impugnar cada decisión en la calle. El orden institucional y la libre empresa tienen en De la Espriella su apuesta; la historia sugiere cautela sobre cuánto cuesta desactivar un aparato estatal que lleva cuatro años construyendo sus propios contrapesos.



