Este 16 de julio, Cundinamarca celebra 213 años de vida institucional. El departamento, que rodea a Bogotá y articula buena parte de la economía del centro del país, conmemora la fecha con una agenda de obras que sus autoridades describen como la más ambiciosa en décadas.
El proyecto de mayor visibilidad es el Regiotram de Occidente, presentado por la gobernación como el primer tren de cercanías completamente eléctrico del país. La iniciativa apunta a redefinir la movilidad entre municipios del occidente cundinamarqués y la capital, con un argumento de sostenibilidad y de integración regional que sus promotores consideran inédito en Colombia.
A ese eje de transporte se suman inversiones en vías, hospitales, instituciones educativas, acueductos, sistemas de saneamiento básico y conectividad rural, según la gobernación, distribuidas entre los 116 municipios del departamento bajo lo que la administración llama una «visión de equilibrio territorial».
El gobernador Jorge Emilio Rey Ángel ha impulsado esa agenda desde el inicio de su mandato. Según la gerente general de la Lotería de Cundinamarca, Maribel Córdoba Guerrero —autora del texto conmemorativo publicado por Semana—, su liderazgo «ha permitido consolidar iniciativas que hoy posicionan a Cundinamarca como un referente nacional en planeación, infraestructura, seguridad, sostenibilidad y gestión pública».
La gestora social del departamento, Alexandra Pulido Quintero, es señalada en el mismo texto como responsable de programas orientados a niñez, mujeres, adultos mayores, personas con discapacidad y poblaciones vulnerables.
Un dato que merece atención propia: la Lotería de Cundinamarca cumple 214 años, un año más que el propio departamento. Es, según la fuente, la lotería más antigua del país. Durante más de dos siglos ha destinado recursos al sector salud, lo que la convierte en un mecanismo de financiamiento sanitario con una continuidad institucional poco común en América Latina.
El aniversario llega en un momento en que Colombia enfrenta tensiones fiscales y de gobernanza bajo la administración nacional de Gustavo Petro. En ese contexto, el desempeño de departamentos con capacidad de ejecución propia adquiere una relevancia que va más allá del protocolo celebratorio.
Conviene mirar los incentivos. Cundinamarca no es un territorio cualquiera: es el departamento que envuelve a la capital, capta inversión privada por su posición logística y concentra una base fiscal relativamente sólida. Que una administración departamental pueda avanzar en infraestructura eléctrica de transporte, ampliar cobertura de acueductos y mantener una institución como la Lotería operando con vocación de salud pública durante más de dos siglos dice algo sobre la importancia del orden institucional local frente a la volatilidad del gobierno central.
El dato importa más que el ruido. Mientras el debate político nacional gira en torno a reformas que generan incertidumbre para la inversión y el estado de derecho, experiencias como la de Cundinamarca recuerdan que el progreso concreto —el que se mide en kilómetros de vía, camas hospitalarias o frecuencias de tren— depende menos de la retórica y más de la capacidad de gestión, la planeación de largo plazo y el respeto a los compromisos contractuales. Esa es la lección que el aniversario, más allá del protocolo, pone sobre la mesa.



