Xi Jinping realizará una visita de Estado a Estados Unidos del 23 al 25 de septiembre para reunirse con Donald Trump en la Casa Blanca, según confirmó el Ministerio de Relaciones Exteriores chino. Será el tercer encuentro cara a cara entre ambos desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025, y la segunda cumbre entre los líderes de las dos principales potencias económicas del mundo en 2026, después de la visita de Trump a Pekín en mayo.
La reunión llega en medio de tensiones comerciales y tecnológicas. Entre los asuntos que Washington y Pekín tienen pendientes figuran el comercio y los aranceles, el desarrollo de la inteligencia artificial, las guerras en Irán y Ucrania y el futuro de Taiwán. Ambos gobiernos mantienen además una tregua comercial alcanzada tras meses de fricciones, y Xi y Trump acordaron en octubre de 2025 una reducción de las disputas comerciales, mientras la reunión de mayo permitió avanzar en la continuidad de ese entendimiento.
La agenda comenzó a perfilarse el domingo 20 de septiembre, cuando funcionarios de Estados Unidos y China se reunieron en Nueva York para analizar, entre otros asuntos, la creación de un canal de comunicación destinado a abordar posibles incidentes relacionados con la inteligencia artificial. Las conversaciones duraron unas ocho horas en la sede de JPMorgan Chase y estuvieron encabezadas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el vice primer ministro chino, He Lifeng. También participó el representante de Comercio de la Casa Blanca, Jamieson Greer.
Al término del encuentro, Bessent calificó las conversaciones de «muy exitosas» y explicó que Washington propuso establecer un mecanismo de notificación entre ambos países para informar sobre incidentes relacionados con la IA, incluidos aquellos que puedan representar amenazas para la seguridad. Según Bessent, «lo que debatimos fue establecer un mecanismo. Así que se va a llamar el Diálogo sobre IA entre Estados Unidos y China».
Los medios estatales chinos describieron las conversaciones como «francas, profundas y constructivas», mientras que Greer afirmó que «es imperativo que podamos trabajar juntos». La inteligencia artificial se suma así a una agenda bilateral en la que también figuran el acceso a minerales críticos y tierras raras y la relación tecnológica entre las dos potencias.
Uno de los asuntos que Washington busca abordar es el suministro continuo de imanes de tierras raras y otros minerales considerados esenciales para la industria estadounidense. Los equipos negociadores también continúan trabajando en la posibilidad de reducir mutuamente algunos aranceles. Otro tema que podría llegar a la mesa es la eventual prórroga de la tregua comercial y el cumplimiento de compromisos adquiridos en negociaciones anteriores, entre ellos las compras de productos agrícolas estadounidenses por parte de China.
Conviene mirar los incentivos. La visita no es un gesto protocolario: es una prueba de hasta dónde pueden sostenerse la cooperación y la competencia sin desbordar el orden internacional. Para ambas capitales, la estabilidad comercial y tecnológica tiene valor económico inmediato; para el resto del mundo, importa que la disputa no derive en más costos para empresas, consumidores y cadenas de suministro.
La historia sugiere cautela. Una tregua comercial y un diálogo sobre IA pueden reducir riesgos, pero no eliminan la rivalidad estratégica. Si la cumbre produce mecanismos verificables y menos incertidumbre, habrá ganado la economía real. Si se queda en una foto con promesas vagas, el mercado, como siempre, se encargará de recordar que los incentivos pesan más que la retórica.

