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Cuatro muertos en Kyiv, incluido un niño de tres años, mientras las defensas antiaéreas ucranianas se agotan

Rusia lanzó 151 drones y misiles en una sola noche; Ucrania interceptó 135, pero los interceptores para los sistemas Patriot escasean y Zelenski vuelve a pedir ayuda exterior.
Imagen ilustrativa
Internacionalsábado 8 de agosto de 2026

Cuatro civiles murieron el sábado en ataques rusos sobre Kyiv y su región metropolitana, entre ellos un niño de tres años y sus abuelos, cuya vivienda en el distrito de Brovary quedó reducida a escombros tras el impacto de múltiples drones. Tres familiares adicionales y un vecino que acudió a auxiliarlos fueron hospitalizados, según informaron las autoridades locales.

En la capital, el presidente Volodymyr Zelenski confirmó al menos otra víctima mortal en lo que describió como «un ataque con seis misiles balísticos contra infraestructura civil». La fuerza aérea ucraniana reportó haber derribado o interceptado 135 de los 151 drones lanzados por Rusia durante la noche, además de seis misiles balísticos y otros proyectiles guiados.

Las cifras acumuladas ilustran la magnitud del desgaste: según el Ministerio de Defensa ucraniano, las defensas antiaéreas abatieron alrededor de 5.300 drones y misiles solo en julio, algo menos del 60% de los aproximadamente 9.000 artefactos que Rusia disparó ese mismo mes. La brecha entre lo que llega y lo que se derriba se amplía a medida que se agotan los interceptores para los sistemas Patriot de fabricación estadounidense, la única plataforma del arsenal ucraniano capaz de neutralizar misiles balísticos.

Moscú explota esa escasez con sistematicidad. Rusia insiste en que sus fuerzas atacan exclusivamente instalaciones militares, pero el patrón documentado de impactos sobre zonas residenciales contradice esa narrativa.

Zelenski, que llegó el viernes a Serbia en su primera visita oficial a ese país —uno de los pocos europeos que mantiene relaciones cordiales con Moscú—, apeló en X a sanciones adicionales para «impedir la producción de estos misiles balísticos», así como al suministro de «capacidades antibalísticas» e «interceptores». También planteó dos alternativas ante la escasez de munición Patriot: fabricarla en territorio ucraniano u obtener autorización de Elon Musk para utilizar el sistema de comunicaciones satelitales Starlink con el fin de guiar ataques dentro de Rusia contra los lanzadores de misiles.

En el frente inverso, cinco personas resultaron heridas cuando un incendio se declaró en la refinería de petróleo Ilsky, en la región rusa de Krasnodar, a causa de los restos de un dron derribado. Los ataques ucranianos de largo alcance con armamento de desarrollo propio han golpeado instalaciones petroleras rusas de forma casi diaria durante meses, generando una crisis de combustible que, según los reportes, incomoda al Kremlin.

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Conviene mirar los incentivos. Rusia no necesita precisión para lograr su objetivo estratégico: basta con superar la capacidad de intercepción ucraniana en volumen. Mientras Kyiv dependa de una sola línea de defensa antibalística —el Patriot— y esa línea se consuma más rápido de lo que se repone, cada salva masiva es un éxito operativo para Moscú, independientemente del porcentaje derribado.

El dato importa más que el ruido. El 60% de intercepción en julio suena a logro técnico; el 40% restante equivale a más de 3.600 proyectiles que alcanzaron su destino o causaron daño colateral en un solo mes. La aritmética de la guerra de desgaste es implacable, y el tiempo juega a favor de quien puede producir más rápido de lo que el adversario puede destruir. La respuesta de Occidente —en particular de Washington— a las peticiones de Zelenski definirá si esa ecuación cambia o se consolida.

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