La Federación de Tenis de Chile atraviesa una parálisis institucional que pone en riesgo su participación en la Copa Davis. Así lo advirtió Sergio Elías, quien encabezó la entidad durante ocho años y acaba de dejar el cargo. A menos de 60 días de la serie programada ante España, la federación no cuenta con una directiva jurídicamente habilitada para administrar recursos, pagar obligaciones ni suscribir acuerdos deportivos o comerciales.
El origen del problema es la elección de Milovan Kegevic como presidente. Según Elías, el proceso de reconocimiento legal no ha concluido porque los electos «no cumplen con las condiciones para ser reconocidos». Kegevic, por su parte, sostiene que ejerce el cargo mientras el Tribunal Electoral no resuelva su situación y ha acusado a Elías de apropiación indebida por no entregar dispositivos bancarios. El expresidente rechazó el cargo: explicó que esos instrumentos son de carácter personal y que su transferencia no es posible sin que la nueva directiva acredite representación ante el banco.
La consecuencia práctica es que los sueldos del personal de la federación están bloqueados. «Yo no puedo hacer uso de los fondos ni nadie, mientras no se resuelva el tema de la representación legal», afirmó Elías, quien reconoció sentirse responsable de la situación y dijo estar buscando alternativas para destrabar los pagos.
Sobre la Copa Davis, Elías fue explícito: «Si Chile no cumple sus compromisos internacionales, el daño deportivo y reputacional sería enorme, incluso con eventuales sanciones». Señaló que la Federación Internacional de Tenis ya ha comenzado a hacer preguntas sobre quién está a cargo, dado que en algún momento se requerirán firmas de responsabilidad respaldadas por una nominación legal válida. Su propuesta para salir del impasse es obtener una representación transitoria a través del Comité Olímpico de Chile —institución que la ITF reconocería si la federación respectiva no estuviera vigente— mientras se convoca una asamblea para elegir una directiva plenamente legítima.
Elías también respondió a las críticas sobre la productora que organizará la serie ante España. Negó que haya sido contratada sin licitación: afirmó que el proceso se realizó hace dos años y que la empresa ya ejecutó tres eventos con la federación, incluido un Mundial Sub 16 y una Copa Davis ante Serbia que, según él, generó los mejores resultados económicos de la gestión. Sobre los intermediarios en la gestión de patrocinios, los describió como «algo súper normal» y rechazó las insinuaciones de irregularidades: «Está todo respaldado y depositado en la cuenta de la federación».
Respecto al capitán del equipo chileno, Nicolás Massú, Elías indicó que habló con él y que está «un poco preocupado», aunque le transmitió que la Copa Davis debería seguir su curso normal y que continuará en su rol.
El dato importa más que el ruido. Lo que está en juego no es una disputa entre dos listas de dirigentes, sino la capacidad del tenis chileno de honrar compromisos internacionales ya adquiridos. Una institución sin representación legal no puede firmar, pagar ni responder: es, en términos prácticos, una cáscara vacía. Cuando el vacío de poder se instala en una federación deportiva, quien paga el costo no es el directivo en disputa sino los atletas, el personal y, en última instancia, el país ante los organismos internacionales. La historia sugiere cautela: las crisis de gobernanza que no se resuelven a tiempo rara vez se resuelven solas.



