Los atletas venezolanos competirán con un crespón negro en sus uniformes durante los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026, que arrancan oficialmente el 24 de julio. La decisión fue anunciada el 22 de julio por Luis Mejía Oviedo, presidente de Centro Caribe Sports, entidad organizadora del evento.
El Comité Olímpico de Venezuela solicitó el gesto en la asamblea de Centro Caribe Sports celebrada ese mismo miércoles en un hotel de la capital dominicana. El motivo: los terremotos del 24 de junio, que según cifras del gobierno venezolano causaron 5.346 muertes, 16.740 heridos y 17.907 damnificados. La cifra de fallecidos no ha variado desde el boletín del 5 de julio; la de damnificados, desde el del 6 de julio.
El lazo negro se colocará en una de las áreas del uniforme de los deportistas venezolanos. La competición reunirá a más de 5.000 atletas de 37 países en 40 deportes, con la mayoría de las sedes en Santo Domingo, entre el 24 de julio y el 8 de agosto.
En la misma asamblea, Guyana obtuvo autorización para izar su bandera a media asta en todas las instalaciones de los Juegos. El gobierno guyanés decretó tres días de duelo nacional —del 22 al 24 de julio— tras el naufragio del ferry MV Barima, ocurrido la noche del 18 de julio cuando la embarcación partió desde Georgetown, por la costa del Atlántico Norte, con destino a Port Kaituma. En el suceso se rescataron al menos 79 personas y se recuperaron 53 cadáveres. El presidente del Comité Olímpico de Guyana, Godfrey Munroe, formalizó la solicitud ante Centro Caribe Sports, que la respaldó con el aval de su área legal.
Algunas disciplinas ya adelantaron el inicio de sus competiciones: el polo acuático arrancó el lunes 21 de julio, y el bádmiton lo hará el jueves 24, antes de la ceremonia inaugural oficial.
El dato importa más que el ruido. Dos tragedias simultáneas —una geológica, otra marítima— se cuelan en el mayor evento deportivo regional del Caribe y Centroamérica, convirtiendo la pista en un espejo de la fragilidad institucional de la región. En el caso venezolano, conviene mirar los incentivos: el régimen de Nicolás Maduro lleva semanas administrando con cuentagotas la información sobre víctimas y damnificados, con cifras congeladas durante días, lo que dificulta cualquier evaluación independiente del desastre. Que sea el aparato olímpico —no el Estado— quien lleve el duelo a Santo Domingo dice algo sobre dónde reside hoy la representación legítima de los venezolanos ante el mundo. La historia sugiere cautela ante cifras que dejan de actualizarse justo cuando más se necesita transparencia.



