El fortalecimiento del peso colombiano frente al dólar durante el último año ha abierto una ventana poco esperada para los viajeros: Asia resulta hoy más accesible de lo que el imaginario colectivo suele suponer. Un estudio divulgado por el Banco de Bogotá señala a Corea del Sur como el destino asiático donde más rinde el dinero de los colombianos, seguido de Japón e Indonesia como alternativas igualmente atractivas.
El argumento técnico lo explicó Camilo Pérez, director de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá, en declaraciones a Blu Radio: «El verdadero beneficio para el bolsillo del turista es cuando la ganancia por tasa de cambio no resulta absorbida por el costo de vida del país que visita. Al elegir destinos con precios estables y monedas más baratas, el poder adquisitivo del colombiano aumenta durante su viaje». En el caso de los tres países mencionados, la combinación de monedas que han perdido valor frente al peso y una inflación relativamente estable produce exactamente ese efecto.
Para Corea del Sur, los requisitos de entrada incluyen pasaporte con vigencia mínima de seis meses, tramitación de la autorización K-ETA al menos 72 horas antes del vuelo y confirmación del alojamiento. No existen vuelos directos entre Bogotá y Seúl: el trayecto toma alrededor de 23 horas con al menos una escala, generalmente en Europa, Estados Unidos o Canadá. Los pasajes oscilan entre nueve y trece millones de pesos, según la temporada, la aerolínea y el itinerario.
Japón e Indonesia aparecen en el mismo informe como alternativas por razones similares: monedas depreciadas frente al peso y estabilidad de precios internos. Los tres destinos comparten además una oferta reconocida en gastronomía, tecnología, riqueza cultural y paisajes, lo que amplía el argumento más allá del mero arbitraje cambiario.
Conviene mirar los incentivos. El dato relevante aquí no es el entusiasmo turístico, sino la señal que emite el mercado de divisas: cuando una moneda emergente como el peso gana terreno frente a economías desarrolladas o de alto dinamismo exportador, el consumidor privado captura parte de ese beneficio de forma directa, sin intermediación estatal. Es el libre mercado cambiario funcionando a favor del ciudadano común.
El dato importa más que el ruido. Asia no es un destino de élite reservado para quienes manejan dólares; con planificación adecuada y aprovechando las ventanas de tipo de cambio, el viajero colombiano de clase media puede acceder a experiencias que hasta hace poco parecían prohibitivas. La historia sugiere cautela: los tipos de cambio son volátiles y la ventana puede cerrarse. Quien tenga el viaje en mente haría bien en no postergar la decisión más de lo necesario.



