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Contratistas de datos para la IA de EE.UU. facturan a la vez al Pentágono y a laboratorios chinos, advierte un republicano

Un informe cita a cuatro proveedores estadounidenses de datos para IA con negocios simultáneos en Washington y Pekín; un congresista pide cortarles los contratos federales.
Imagen generada con IA
Estados Unidosdomingo 30 de agosto de 2026

Cuatro de las principales empresas estadounidenses que etiquetan y organizan datos para entrenar modelos de inteligencia artificial —insumo crítico para Anthropic, Google, Meta, OpenAI y el propio Pentágono— también hacen negocios con laboratorios chinos de IA, según un reportaje de Forbes citado por el New York Post.

El representante Michael McCaul (R-Texas), expresidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, advirtió al Post: «Estados Unidos está en una carrera de IA con el Partido Comunista Chino. No podemos gastar miles de millones tratando de proteger nuestra ventaja tecnológica mientras empresas estadounidenses empaquetan a nuestros mejores talentos y los venden a compañías vinculadas al ejército chino».

Según el reportaje, los seis principales laboratorios de IA de China gastan alrededor de 500 millones de dólares al año en empresas de datos con sede en Estados Unidos. Las cuatro identificadas son SurgeAI, Mercor, AfterQuery y Turing. Ninguna respondió a las solicitudes de comentario del Post.

SurgeAI, considerada una de las firmas líderes en etiquetado de datos, trabaja con la china Tencent —designada por Washington como empresa vinculada al ejército chino— y a la vez mantiene contratos menores con el Ejército y la Fuerza Aérea estadounidenses. Según Forbes, ejecutivos de Tencent describieron en privado su dependencia de Surge AI.

Mercor, que según el reportaje obtuvo el mes pasado un contrato con el gobierno de Estados Unidos, también hace negocios con Tencent: una fuente dijo a Forbes que el 2% de sus ingresos del segundo trimestre provino de China. La empresa recluta y organiza expertos que las compañías de IA usan para entrenar sus chatbots.

AfterQuery, dedicada a curar datos para el desarrollo de IA, obtiene 50 millones de dólares en «ingresos recurrentes» de China, incluidos negocios con Ant Group, el brazo financiero de Alibaba. Turing, que etiqueta y desarrolla datos de entrenamiento especializados, trabaja con ByteDance, matriz china de TikTok.

McCaul planteó una condición directa: quien quiera hacer negocios con el gobierno estadounidense no debería, al mismo tiempo, ayudar a una empresa china designada por el Pentágono a construir mejor inteligencia artificial.

El trasfondo es la disputa más amplia por el liderazgo en IA entre Washington y Pekín, en la que Estados Unidos ha intentado durante años restringir el acceso chino a semiconductores avanzados, incluidos los chips gráficos de Nvidia considerados clave para entrenar modelos. Pero el reportaje sugiere que el acceso a datos de entrenamiento ya depurados por firmas estadounidenses podría ser tan valioso para Pekín como el hardware que Washington intenta bloquear.

El episodio expone una falla en los incentivos del propio sistema de contratación pública. Mientras el Congreso destina fondos para preservar la ventaja tecnológica frente a China, el mercado de datos para IA —altamente especializado y difícil de replicar— empuja a las mismas firmas a vender su experiencia al mejor postor, sin que exista hoy una barrera legal clara que se lo impida.

El dato importa más que el ruido: no se trata de una filtración aislada, sino de un modelo de negocio replicado en al menos cuatro proveedores con vínculos, directos o indirectos, con el Pentágono. La respuesta lógica desde una lógica de mercado no es prohibir la actividad comercial per se, sino exigir transparencia y condicionar los contratos federales a la exclusividad en los segmentos sensibles, algo que McCaul ya reclama. La historia sugiere cautela: la ventaja tecnológica que Washington busca proteger con controles de exportación de chips puede erosionarse por una vía mucho más discreta, la del dato limpio y etiquetado que cualquier laboratorio, en cualquier capital, está dispuesto a pagar.

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