Santiago Wanderers ganó la CONMEBOL Libertadores Sub 20 2026 y se ganó el derecho a enfrentar al Real Madrid, campeón de la UEFA Youth League. El premio prometía ser histórico: una final en Valparaíso, en casa. No ocurrirá así.
Conmebol y UEFA comunicaron este miércoles al presidente de la ANFP, Pablo Milad, mediante carta oficial, que la quinta edición de la Copa Intercontinental Sub 20 se celebrará el 19 de septiembre en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid, a las 12:30 horas locales. Las cuatro ediciones anteriores se habían disputado en Sudamérica: Uruguay (2022), Argentina (2023) y Brasil en 2024 y 2025.
Las confederaciones justificaron el cambio de sede en un «criterio de reciprocidad» que, según la carta, «fortalece esta alianza institucional y refleja el compromiso compartido de brindar igualdad de oportunidades para ambas Confederaciones». Agregaron que el Bernabéu «representará una valiosa oportunidad para proyectar internacionalmente una final» y permitirá que el fútbol juvenil sudamericano «continúe mostrando su talento en uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol mundial».
Tres factores explican la decisión, según la información disponible: el vencimiento del contrato que obligaba a disputar la final en Sudamérica, la magnitud del Real Madrid como plataforma de proyección global y la invitación del club español para que la delegación porteña presencie un partido del primer equipo merengue.
Lo que resulta relevante es lo que no pudo compensar esos factores. La ANFP estaba dispuesta a respaldar los US$ 400 mil que costaba organizar el partido en Chile. El dinero estaba sobre la mesa. No alcanzó.
Desde Santiago Wanderers apuntaron directamente a las Delegaciones Presidenciales. En comunicado oficial, el club señaló que el partido no se jugará en Valparaíso «en gran medida debido al escaso apoyo a la industria del fútbol y la negación constante de permitirle a los clubes la organización de espectáculos deportivos masivos de calidad, por parte de las Delegaciones Presidenciales, y particularmente en la nuestra».
Conviene mirar los incentivos. Una federación dispuesta a financiar el evento, un club con historia centenaria que habría sido anfitrión y una ciudad con capacidad de recibir el espectáculo: los ingredientes estaban. Lo que faltó, según el propio Wanderers, fue el respaldo del aparato estatal en el nivel regional. El resultado es que una final histórica para el fútbol chileno se jugará a diez mil kilómetros de distancia.
El dato importa más que el ruido: cuando la burocracia pone trabas a la organización de eventos privados de alto impacto, el costo no lo paga solo el club o la federación. Lo pagan la ciudad, los hinchas y la industria que rodea al espectáculo. Valparaíso pierde una vitrina global; Madrid la gana sin haberla buscado con particular esfuerzo. La historia sugiere cautela ante la tentación de atribuir esta pérdida únicamente a decisiones de las confederaciones internacionales.



