El presidente electo Abelardo De La Espriella convirtió una promesa de campaña en acción diplomática antes de asumir el cargo. El miércoles 15 de julio, el canciller designado Omar Bula se reunió en Washington con el ministro de Exteriores de Israel, Gideon Sa'ar, en un encuentro que se extendió durante varias horas. El resultado fue concreto: Colombia reabrirá una embajada en Jerusalén y se eliminará el requisito de visas entre ambos países.
Las relaciones entre Bogotá y Tel Aviv están suspendidas desde el 2 de mayo de 2024, cuando el presidente Gustavo Petro tomó la decisión en el contexto de la guerra en Gaza. La ruptura generó entonces preocupaciones sobre sus consecuencias para el sector defensa, el comercio bilateral y el vínculo estratégico con Estados Unidos, según señaló en su momento el expresidente Iván Duque.
El proceso de recomposición comenzó formalmente el 2 de julio, días después de la segunda vuelta presidencial, cuando el presidente del Estado de Israel, Isaac Herzog, llamó a De La Espriella para felicitarlo por su elección. De acuerdo con la oficina del presidente electo, ambos mandatarios coincidieron en la necesidad de fortalecer la cooperación, la amistad y el entendimiento entre las dos naciones.
La cadena de señales desde Israel fue inusualmente rápida y pública. El primer ministro Benjamín Netanyahu escribió en sus redes: «Felicitaciones al presidente electo Abelardo De La Espriella. Espero con interés trabajar con usted para fortalecer el vínculo entre Israel y Colombia. Los amigos de Israel siguen ganando. ¡Vivan los Acuerdos de Isaac!». Sa'ar, por su parte, había calificado la victoria de De La Espriella de «impresionante» y anunció que lo había invitado a visitar Jerusalén.
El equipo del presidente electo enmarcó estos contactos como parte de una estrategia para «recuperar el lugar de Colombia en el mundo», mediante la reconstrucción de relaciones con aliados estratégicos bajo principios de respeto, confianza, seguridad y defensa de la libertad.
El dato importa más que el ruido. En menos de dos semanas entre la segunda vuelta y la reunión Bula-Sa'ar, el gobierno entrante logró lo que la diplomacia del petrismo desmanteló en un discurso de tarima: un canal de trabajo directo con uno de los socios tecnológicos y de seguridad más relevantes para cualquier gobierno latinoamericano con vocación de orden.
Conviene mirar los incentivos. La eliminación de visas y la apertura de una embajada en Jerusalén no son gestos simbólicos: son decisiones con consecuencias para el comercio, la cooperación en defensa y la posición de Colombia ante Washington. El petrismo apostó a que la ruptura con Israel le rendía capital político regional; De La Espriella apuesta a que la normalización le rinde capital institucional e inversión. La historia reciente del continente sugiere que la segunda apuesta tiene mejores fundamentos.



