Colombia fijó ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una posición de máxima dureza frente a la guerra entre Rusia y Ucrania. Mauricio Gaona, embajador de Colombia ante la ONU, dijo que no se trata de «una guerra ni un conflicto», sino de «una invasión ilegal».
Gaona sostuvo que, por el número actual de víctimas, se trata de «un ataque sin sentido contra la población de Ucrania, contra la cultura, contra los derechos lingüísticos». También advirtió sobre una posible helada mortal contra la población ucraniana en invierno, una amenaza que, en sus palabras, está «muy cercana a un crimen de lesa humanidad».
El representante colombiano ante el organismo internacional afirmó que la preocupación de Bogotá es lo que «está por venir». Según explicó, la advertencia rusa de «congelar» a la población entera de un país violaría principios del derecho internacional vinculados con la distinción, la proporcionalidad, la necesidad y la humanidad.
Gaona agregó que Colombia considera que en territorio ucraniano han ocurrido tres hechos prohibidos por el derecho internacional: atacar a la población civil, a los objetivos civiles y a los objetivos indiscriminados. «Los tres sucesos han ocurrido en territorio ucraniano», afirmó, y añadió que ello constituye «una violación sistemática del derecho internacional».
El embajador también dijo que Colombia apoya los esfuerzos de paz planteados por los Estados Unidos y pidió a ambas partes escuchar esas gestiones. Señaló además que la única manera de detener la guerra es avanzar en esa dirección, especialmente cuando hay menores de edad de por medio.
Colombia, dijo Gaona, condena el ataque a la soberanía de Ucrania así como el asesinato de «más o casi mil niños». También sostuvo que ninguna soberanía estatal debe estar por encima de los derechos humanos.
La intervención deja una señal política clara: Bogotá opta por una lectura jurídica y moral del conflicto, con un lenguaje que busca elevar el costo diplomático de la ofensiva rusa. Conviene mirar los incentivos. Cuando un Estado coloca el foco en civiles, niños y posibles crímenes de lesa humanidad, intenta mover el terreno desde la fuerza hacia la legitimidad internacional.
Para Colombia, el mensaje también tiene una dimensión de orden internacional. Defender la soberanía de Ucrania y el principio de distinción no es solo una postura sobre esta guerra; es una forma de respaldar reglas que limitan el uso arbitrario de la fuerza. En un sistema internacional tensionado, esas reglas siguen siendo el mínimo común para contener la hegemonía de los más fuertes.

