El Gobierno de Abelardo De La Espriella anunció avances en las conversaciones con Japón para un Acuerdo de Asociación Económica que llevaba cerca de 15 años estancado. Según el mandatario, en los primeros 15 días de su administración se dieron los pasos para reactivar el proceso.
El objetivo declarado es abrir nuevos mercados para los productos colombianos y atraer inversión y transferencia de tecnología. «Colombia vuelve a abrirse camino en el mundo: buscamos mercados para nuestros productos, inversión para generar empleo, tecnología para transformar nuestra economía y aliados fuertes para acompañarnos en la reconstrucción», dijo De La Espriella en su alocución dominical.
El anuncio llegó tras una misión del ministro de Comercio, Industria y Turismo, Mauricio Gómez Amín, a Tokio, donde sostuvo conversaciones con representantes de Toyota, Mazda y Toshiba. Según el Gobierno, los acercamientos buscan identificar oportunidades en manufactura, movilidad eléctrica, energía, infraestructura digital, innovación y tecnología.
Uno de los puntos concretos es que Mazda retome el ensamblaje de vehículos en el país. «Estamos trabajando para que Mazda pueda volver a ensamblar vehículos en Colombia y para que Toyota evalúe a nuestro país como destino de proyectos relacionados con vehículos eléctricos», señaló el presidente. A los inversionistas japoneses les prometió: «Aquí les vamos a dar todas las garantías».
El capítulo comercial se entrelazó con un gesto de solidaridad: el Gobierno japonés expresó respaldo a Colombia tras el terremoto que afectó al país y manifestó disposición para aportar ayuda humanitaria a los damnificados. «Agradezco profundamente al pueblo y al gobierno japonés», expresó De La Espriella.
Con estos movimientos, el Ejecutivo busca fortalecer la relación bilateral mediante mayor apertura de mercados, llegada de inversión extranjera y acceso a tecnología japonesa, en un momento en que el país enfrenta el reto de la reconstrucción y el crecimiento.
El dato importa más que el ruido: quince años de negociación estancada no se resuelven con un comunicado, sino con calendarios verificables de inversión y reglas estables para el capital extranjero. Que una administración recién instalada logre en dos semanas lo que otras no destrabaron en más de una década dice menos sobre la voluntad japonesa —siempre abierta a mercados previsibles— que sobre el cambio de señal que emite Bogotá hacia la libre empresa.
Conviene mirar los incentivos. Toyota, Mazda y Toshiba no invierten por simpatía diplomática, sino por seguridad jurídica y perspectivas de retorno. La promesa de «todas las garantías» solo tendrá valor si se traduce en reglas claras de propiedad, estabilidad tributaria y respeto a los contratos; de lo contrario, quedará en otro anuncio de alocución dominical. La historia sugiere cautela: los acuerdos comerciales prometidos se cuentan por años, y los que realmente atraen capital son los que sobreviven al cambio de gobierno.



