Las autoridades colombianas detuvieron a Marlon Steeven Martínez Correa en el Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá en el momento en que ingresaba al país, en cumplimiento de una Notificación Roja de Interpol emitida a solicitud de la justicia española.
El ciudadano colombiano es requerido por un proceso relacionado con el presunto delito de tráfico de estupefacientes y sustancias psicotrópicas por hechos investigados en Zaragoza. Según el expediente, según las autoridades españolas, Martínez Correa estaría vinculado con una organización dedicada al tráfico de ketamina en esa ciudad, donde la sustancia era fraccionada en dosis para su comercialización al menudeo en diferentes sectores.
El operativo fue ejecutado por la Dirección de Investigación Criminal (DIJIN) en coordinación con la Oficina Central Nacional de Interpol en Colombia y las autoridades españolas. Según la Policía, el procedimiento incluyó verificación en terreno, manejo de fuentes humanas y coordinación entre organismos de investigación, lo que permitió identificar el momento exacto del arribo del requerido al territorio colombiano.
La detención se llevó a cabo sin incidentes en las instalaciones del aeropuerto, cuando funcionarios de la DIJIN e Interpol hicieron efectiva la retención al momento del arribo del ciudadano en un vuelo internacional.
Tras la captura, Martínez Correa quedó a disposición de la Dirección de Asuntos Internacionales de la Fiscalía General de la Nación, entidad encargada de adelantar el trámite correspondiente para su extradición al Reino de España. Una vez completado ese procedimiento, deberá comparecer ante la justicia española para responder por el proceso que lo vincula con la distribución de ketamina en Zaragoza.
El dato importa más que el ruido. Esta captura ilustra, en miniatura, el valor de la cooperación judicial internacional: sin el intercambio de inteligencia entre Bogotá y Madrid, el requerido habría ingresado al país sin contratiempos. El sistema funcionó porque los incentivos institucionales —la Notificación Roja de Interpol, la coordinación entre la DIJIN y la Fiscalía— estaban alineados con el resultado correcto.
Conviene mirar los incentivos. Colombia enfrenta presiones internacionales sobre su credibilidad como socio en materia de seguridad y extradición. Casos como este, donde el aparato institucional opera con eficacia y transparencia, refuerzan esa credibilidad y preservan la confianza de aliados clave en Europa. El orden jurídico no es un obstáculo para la soberanía; es, precisamente, su mejor carta de presentación.



