Un ciudadano chino de 29 años se declaró culpable este lunes ante un tribunal federal de Utah de intentar adquirir en el mercado negro armas y equipo militar estadounidense para enviarlo a China a través de México, en violación de la Ley de Control de Exportación de Armas. Así lo informó el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Dingwei Chen admitió haber intentado comprar módems y radios satelitales de grado militar fabricados por empresas estadounidenses para las fuerzas armadas de ese país. Ese tipo de equipo de comunicaciones no puede exportarse legalmente desde Estados Unidos sin una licencia de la Dirección de Controles del Comercio de Defensa del Departamento de Estado, organismo que, según la Fiscalía, por lo general no otorga dichas licencias para exportaciones a China.
Según documentos judiciales, Chen actuó en coordinación con otras personas radicadas en China. El grupo exploró distintas rutas de tránsito antes de decidirse por México: primero intentaron el transbordo a través de Suiza; luego evaluaron recoger la mercancía en las Islas Marianas; finalmente optaron por el contrabando vía territorio mexicano.
Para financiar la operación y dificultar su rastreo, Chen y sus cómplices realizaron un pago inicial superior a los 40 mil dólares y posteriormente recurrieron a criptomonedas. El propio Chen declaró que se trataba de una operación inicial y que contaba con fondos para adquirir equipamiento militar adicional por valor de decenas de millones de dólares, según consignó el Departamento de Justicia.
Spiros Karabinas, agente especial a cargo de la oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional, señaló en un comunicado que la declaración de culpabilidad «pone de relieve las graves consecuencias para quienes intentan adquirir, exportar o transferir ilegalmente equipos o tecnología militares sensibles de origen estadounidense».
El dato importa más que el ruido. Este caso ilustra con precisión el papel que México sigue desempeñando como corredor de tránsito en operaciones de contrabando de tecnología sensible con destino a potencias rivales de Estados Unidos. No se trata de un incidente aislado: la elección de México como ruta final, después de descartar Suiza y las Marianas, sugiere que los actores que operan en nombre de Beijing perciben la frontera sur de Estados Unidos como un eslabón débil en la cadena de controles de exportación.
Conviene mirar los incentivos. La escala declarada por el propio Chen —decenas de millones de dólares en adquisiciones potenciales— indica que este tipo de redes no son empresas marginales, sino operaciones con financiamiento estructurado y disposición a asumir riesgos legales considerables. Para Washington, el caso refuerza el argumento de que el control fronterizo y la seguridad tecnológica son dos caras de la misma moneda. Para Ciudad de México, la pregunta incómoda es cuántos eslabones de esas cadenas operan en su territorio sin que las autoridades lo adviertan o, peor aún, sin que lo prioricen.



