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Cisma y figurantes: el CHP turco, en caída libre tras perder 90 diputados

El partido socialdemócrata pierde su rango de principal fuerza opositora y enfrenta acusaciones de contratar actores para simular respaldo popular. Un escándalo que ilustra el costo de la política sin base real.
Imagen ilustrativa
Internacionaldomingo 26 de julio de 2026

El Partido Republicano del Pueblo (CHP), histórica formación socialdemócrata turca, atraviesa la peor crisis de su historia reciente. En apenas 48 horas acumuló dos golpes: el viernes, 90 diputados encabezados por Özgür Özel abandonaron la formación y registraron un nuevo partido, el Yeni Parti; el sábado, un acto de afiliación en Estambul destinado a mostrar músculo terminó envuelto en acusaciones de haber llenado la sala con figurantes contratados.

El cisma tiene raíz judicial. El congreso del CHP de 2023, en el que Özel desplazó a Kemal Kiliçdaroglu de la jefatura, fue impugnado por supuestos amaños. En mayo pasado, una orden judicial restituyó a Kiliçdaroglu en el cargo. El juicio enfrentó a ambas facciones durante dos meses hasta que Özel y sus aliados optaron por la ruptura definitiva. El resultado aritmético es contundente: el CHP cayó de segunda a cuarta fuerza del hemiciclo, con 44 escaños, mientras el Yeni Parti asume el rango de principal oposición.

Para responder al golpe simbólico, el CHP organizó el sábado una ceremonia de afiliación en un centro cultural de Estambul, con la presencia de Kiliçdaroglu. Fue entonces cuando el diario BirGün publicó una investigación que agravó la situación. Según el periódico, muchos asistentes eran figurantes contratados a través de agencias de casting por 950 liras —equivalentes a 18 euros— por cuatro horas de trabajo. La periodista Ebru Çelik afirma haber respondido a un anuncio de búsqueda de figurantes, haberse mezclado con los asistentes —entre los que describe parados, jubilados e inmigrantes de Irán y Egipto— y haber presenciado incluso un «ensayo» previo al acto.

El dirigente provincial del CHP en Estambul, Gürsel Tekin, rechazó «rotundamente» las acusaciones. Según la agencia Anadolu, Tekin admitió que se sufragaron «algunos gastos de desplazamiento», pero negó cualquier pago a figurantes y anunció una querella contra BirGün y otros medios por lo que calificó como una «sucia trampa». El CHP, por su parte, también anunció acciones legales contra el diario.

El dato no es menor: Tekin fue nombrado jefe provincial del CHP en Estambul mediante una orden judicial, en un proceso por amaños del congreso local muy similar al que devolvió a Kiliçdaroglu a la cúpula nacional. El patrón se repite: liderazgos impuestos por vía judicial, congresos cuestionados, bases que no se movilizan solas.

Conviene mirar los incentivos. Un partido que recurre a los tribunales para recuperar su dirección y presuntamente a agencias de casting para demostrar vitalidad no está resolviendo su problema de fondo: la ausencia de respaldo orgánico. La pregunta relevante no es si los figurantes cobraron 18 euros, sino por qué el CHP necesitaría contratarlos. La historia sugiere cautela ante organizaciones que sustituyen la legitimidad popular con ingeniería procesal y escenografía.

El dato importa más que el ruido. Turquía enfrenta un reordenamiento de su espacio opositor en un momento en que el gobierno de Erdogan observa, sin duda con satisfacción, cómo sus adversarios se fragmentan y se desacreditan mutuamente. Sea cual sea el desenlace judicial de la querella contra BirGün, el daño reputacional para el CHP ya está hecho, y el Yeni Parti —con 90 diputados y la etiqueta de primera fuerza opositora— tiene ahora el terreno despejado para construir una alternativa que no dependa de sentencias ni de agencias de casting.

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