China y la Unión Europea llegaron a consensos sobre el comercio de vehículos híbridos y sobre el establecimiento de un «canal verde» para exportaciones chinas de tierras raras a Europa, tras dos días de diálogo en Pekín entre sus máximos responsables de Comercio.
Las conversaciones entre Maros Sefcovic y Wang Wentao dejaron además avances en comercio, inversión, controles de exportación, propiedad intelectual y reforma de la Organización Mundial del Comercio, según la cartera china de Comercio. Pekín también dijo que ambas partes explorarán la reducción de aranceles sobre algunos productos y mantendrán un diálogo técnico sobre el reglamento europeo de subsidios extranjeros.
El balance de la visita es el primer resultado concreto de una ronda que Bruselas había cargado de expectativas. La Comisión Europea quiere «resultados tangibles» para reequilibrar una relación que considera «insostenible».
El telón de fondo es un déficit comercial europeo con China que alcanzó los 359.800 millones de euros en 2025, un 15,3 % más que el año anterior. Ese desequilibrio explica buena parte del tono de la visita y también de la presión política sobre Bruselas.
Sefcovic ha repetido en Pekín que su objetivo es «comenzar a reequilibrar» la relación. Antes de reunirse con Wang, dijo haber escuchado directamente a empresas europeas en China y resumió su mensaje en dos prioridades: más acceso al mercado y mayor seguridad económica.
Esa queja no es abstracta. Las empresas europeas denuncian obstáculos regulatorios, trato desigual en contratación pública, exigencias de localización y dificultades para competir en igualdad de condiciones con firmas nacionales. La Cámara de Comercio de la UE en China advirtió recientemente de que el país asiático pierde atractivo como mercado de consumo y gana peso como plataforma industrial y exportadora.
En paralelo, las dos partes acordaron mantener el diálogo sobre el acceso al mercado de dispositivos médicos y continuar las consultas sobre sus marcos regulatorios de cosméticos y medicamentos. Según el Ministerio de Comercio chino, la UE acogió con satisfacción las medidas de China para ampliar las importaciones de dispositivos médicos europeos.
También hubo movimientos en sanidad animal. China aceptó, sobre la base de evaluaciones de riesgo, «acelerar el reconocimiento del principio de regionalización» para los Estados miembros de la UE que cumplan los requisitos. Además, ambas partes explorarán vías para levantar las restricciones impuestas por China a determinados Estados miembros por la lengua azul, que afecta entre otros a Bélgica y Países Bajos.
En controles de exportación, Pekín dijo que ambas partes alcanzaron un entendimiento para notificarse con antelación antes de incluir entidades en sus listas, aumentar la transparencia de los procedimientos de inclusión y exclusión, y apoyar el inicio de procedimientos de exclusión conforme a sus marcos jurídicos.
Conviene mirar los incentivos. China quiere preservar acceso, margen regulatorio y poder de negociación. La UE quiere menos vulnerabilidad, más venta de bienes y alguna disciplina sobre subsidios y barreras. Entre ambas posiciones, el comercio sigue siendo una palanca geopolítica, no un intercambio inocente.
Para Europa, el desafío es claro: si no corrige su dependencia de insumos críticos chinos y no logra mejores condiciones de acceso, seguirá negociando desde una posición incómoda. Para China, el objetivo es mantener abierto el mercado europeo sin ceder demasiado terreno en sus reglas internas. Esa asimetría explica por qué el acercamiento de Pekín suena pragmático, pero todavía lejos de un verdadero reequilibrio.
