Xi Jinping dijo este sábado que China está abierta a trabajar, junto con los demás miembros de los BRICS, para lograr la paz en el Golfo. Según declaraciones recogidas por la agencia Xinhua, el presidente chino sostuvo que la guerra «no responde a los intereses comunes» de la comunidad internacional.
A su llegada a Nueva Delhi para participar en la cumbre de líderes de los BRICS, Xi afirmó que China está dispuesta a «desempeñar el papel que le corresponde» en el logro de la paz y la estabilidad en Oriente Próximo y la región del Golfo. También recalcó que la guerra «ha causado graves pérdidas a las personas de toda la región».
Pekín viene insistiendo en que la salida pasa por el respeto a los principios del Derecho Internacional. China recalca que la «presión militar no es la solución» y ha criticado la estrategia de asfixia económica, defendiendo en cambio que «el diálogo y la negociación son el camino correcto».
Desde la ofensiva de Estados Unidos e Israel del pasado 28 de febrero, que desencadenó la expansión de la guerra en Irán y en toda la región de Oriente Próximo, Pekín ha jugado un papel diplomático discreto. Según la nota, ha apoyado la mediación de Pakistán y ha puesto sobre la mesa distintos planteamientos para llegar a un acuerdo.
El gesto importa porque China busca presentarse como un actor de estabilidad sin recurrir a la fuerza. En un orden internacional tensionado, ese mensaje le permite defender el principio de la negociación y, al mismo tiempo, ampliar su presencia diplomática en una región donde pesan la energía, las rutas y la seguridad.
También conviene leer el movimiento con cautela. Cuando una potencia dice que apuesta por la paz, no solo expresa una preferencia moral: también protege sus intereses. El dato importa más que el ruido. Si el diálogo avanza, gana la región; si no, la guerra seguirá imponiendo costos a ciudadanos, empresas y gobiernos por igual.

