La Embajada de China en México respondió a la de Estados Unidos tras una publicación sobre símbolos de las fiestas patrias que, dijo la parte estadounidense, no se fabrican en México y provienen de China.
La representación china instó a la estadounidense «a respetar al país de residencia y fomentar la amistad entre los dos pueblos, en vez de sembrar cizaña y discordia».
También la acusó de «escupir veneno» en el marco de la Independencia de México y de convertir la celebración en «un escenario para atacar a un tercer país y en ficha para su juego geopolítico».
Según la embajada china, la publicación del 15 de septiembre en redes sociales decía que los fuegos artificiales y otros símbolos usados en las celebraciones «no se hacen en México». Agregó que con la frase «Viva México, Made in China» se burlaba de la fiesta nacional y se difamaba la cooperación comercial entre China y México.
La representación diplomática sostuvo que, en la fiesta nacional, una embajada debía expresar felicitaciones, no usarla como pretexto para atacar a un tercero. Dijo además que esa conducta «carece de las mínimas cortesías diplomáticas» y mostró su «fuerte descontento y contundente rechazo».
La embajada china añadió que «en realidad, "Hecho en China" no es nada nuevo en México» y recordó que hace más de cuatro siglos, gracias a «la Nao de China», la seda y la porcelana del Oriente y la plata de México ya se intercambiaban entre ambas orillas del Océano Pacífico.
También afirmó que muchos productos chinos han entrado en el mercado mexicano y que productos mexicanos como el aguacate y el tequila «ya son muy bien acogidos por numerosas familias chinas».
«Estos estrechos vínculos comerciales son justamente lo que significa la globalización», dijo. Y remató: «Un Estado independiente tiene todo derecho a elegir soberanamente a sus socios».
La embajada china concluyó que la cooperación entre China y México «no tiene cálculos geopolíticos», no apunta contra terceras partes ni debe ser objeto de interferencias por terceras partes. Asimismo, sostuvo que los señalamientos de la embajada estadounidense dejaron al descubierto «su mentalidad de supremacía y hegemonía».
Conviene mirar los incentivos. La disputa revela hasta qué punto las embajadas también compiten por el relato en un país que no es el suyo. Cuando la diplomacia se convierte en propaganda, el costo recae sobre la cortesía internacional y sobre la libertad de cada Estado para definir sus vínculos sin presiones externas.
El dato importa más que el ruido: China pone en el centro la soberanía comercial y la embajada estadounidense, según la reacción de Pekín, el pulso geopolítico. Para México, la pregunta de fondo no es quién alza más la voz, sino qué margen conserva para elegir socios sin que el aparato diplomático de otras potencias convierta sus fiestas nacionales en campo de batalla.

