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China condiciona nuevas inversiones en Colombia al equilibrio con Washington

El embajador chino en Bogotá advirtió que el apetito inversor de sus empresas depende de cómo el país maneje su relación simultánea con Pekín y Washington, mientras crece el interés por plantas de ensamblaje e infraestructura.
Imagen ilustrativa
Las Américasviernes 4 de septiembre de 2026

El embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang, confirmó que un número importante de empresas chinas evalúa oportunidades de negocio en el país, incluida la instalación de plantas de ensamblaje de electrodomésticos y otros productos. La advertencia que acompañó el anuncio fue clara: la llegada de esas inversiones depende de decisiones políticas, no solo comerciales.

"Todo depende de la política colombiana hacia China, de cómo logremos mantener este espíritu pragmático de seguir trabajando y de la forma en que Colombia maneje con equilibrio su relación con Estados Unidos y China", dijo Zhu durante el 38° Congreso Nacional de Exportadores.

La Embajada china ha recibido a numerosas compañías interesadas en el mercado colombiano. "Hemos recibido un número muy importante de empresas chinas que vienen en búsqueda de oportunidades de negocios a Colombia, ya sea para inversiones o para establecer nuevas plantas", señaló el diplomático, quien mencionó explícitamente el ensamblaje de electrodomésticos como uno de los rubros bajo estudio.

China ocupa el segundo lugar entre los socios comerciales de Colombia, de acuerdo con el embajador, quien resaltó además el papel del país asiático como inversionista en proyectos de infraestructura. La conectividad física del país fue identificada como una de las necesidades concretas tras conversaciones con empresarios, Analdex y diputados colombianos. Zhu también invocó la iniciativa china de la Franja y la Ruta como plataforma para impulsar esa interconectividad, sujeta, dijo, a las necesidades propias de Colombia.

El diplomático no percibió cambios en la relación bilateral tras la llegada de la nueva administración nacional y respaldó la continuidad de los proyectos en marcha, tomando como referencia declaraciones de Abelardo de la Espriella tras una visita a la Línea 1 del Metro de Bogotá, en las que sostuvo que "el progreso no debe detenerse por caprichos ideológicos". Zhu respondió con adhesión explícita: "suscribo totalmente este espíritu y del gobierno chino de la embajada China ofrecemos nuestra disposición de siempre seguir trabajando".

Para Pekín, el desafío de Colombia no se limita a atraer capital chino, sino a diversificar sus mercados de exportación. El embajador citó la meta de Analdex de alcanzar exportaciones por 100.000 millones de dólares en 2030 como uno de los objetivos que podrían impulsar esa diversificación. "No basta que Colombia mantenga su mercado tradicional, sino que hay que apoyar los esfuerzos de diversificar mercado y de aumentar la exportación a nuevos mercados tan importantes como China", afirmó Zhu.

El mensaje de fondo, sin embargo, trasciende el comercio bilateral. China plantea con franqueza que el capital sigue a la certidumbre institucional, no a la retórica. Un país que busca atraer plantas de ensamblaje y financiamiento de infraestructura no puede permitirse que la diplomacia se convierta en un péndulo errático entre Washington y Pekín; los inversionistas, chinos o de cualquier origen, premian la previsibilidad y penalizan la improvisación ideológica.

Conviene mirar los incentivos. La advertencia del embajador —que "todo depende de la política colombiana"— no es una injerencia, sino una lectura de riesgo país que cualquier junta directiva haría antes de comprometer capital. Colombia enfrenta, entonces, un dilema que no es nuevo pero sí urgente: mantener el equilibrio entre dos potencias sin sacrificar ni el acceso a mercados occidentales ni el apetito inversor asiático. El dato importa más que el ruido, y el dato es que las empresas esperan señales de estabilidad antes de firmar cheques.

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