El canciller chileno Francisco Pérez Mackenna anunció este miércoles, desde Cali, que Chile formalizó la reactivación de sus relaciones consulares con Venezuela y que la expectativa del gobierno es que el Consulado en Caracas inicie operaciones durante agosto.
El anuncio se produjo en el marco de la visita del presidente José Antonio Kast a Colombia, donde Pérez Mackenna lo acompañó con motivo de la asunción de Abelardo de la Espriella. En un punto de prensa en Cali, el canciller confirmó que el proceso de reactivación quedó formalizado mediante el intercambio de notas diplomáticas entre el director general de Asuntos Consulares, Inmigración y Chilenos en el Exterior, Hernán Núñez, y el viceministro de América Latina de Venezuela, Mauricio Rodríguez.
«Formalizamos nuestras relaciones consulares con Venezuela y tenemos ya a nuestro equipo en Caracas desplegado», señaló Pérez Mackenna. El canciller precisó que el director general consular lleva «varias semanas» en la capital venezolana y que la meta concreta es estar operando «dentro del mes de agosto».
El anuncio se suma a una agenda diplomática de alta intensidad que el canciller describió con detalle. Pérez Mackenna relató que su reciente visita a Brasil, en Brasilia y São Paulo, generó «mucho interés» por la Ley de Reconstrucción aprobada durante su estadía. Según el secretario de Estado, los brasileños —a quienes calificó como «un importante inversionista en Chile»— formularon numerosas preguntas sobre la norma. Además, anunció una próxima gira por Asia que incluirá China, Japón y Vietnam.
«No vamos a descansar hasta que logremos traer a Chile trabajo de buena calidad», cerró el canciller.
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Conviene mirar los incentivos detrás de este movimiento diplomático. La reapertura consular con Venezuela responde a una necesidad práctica concreta: una diáspora venezolana de magnitud significativa reside en Chile y requiere servicios documentales que solo un consulado operativo puede brindar. Que el gobierno de Kast haya avanzado en este punto sin renunciar a su postura crítica frente al régimen de Maduro ilustra una distinción que los gobiernos de libre mercado suelen manejar mejor que sus adversarios: separar la relación de Estado a Estado —donde los ciudadanos son los beneficiarios directos— de la validación política a un gobierno cuya legitimidad sigue en disputa.
El dato importa más que el ruido. La agenda paralela en Brasil y la gira asiática proyectada confirman que Santiago está apostando por diversificar vínculos comerciales en lugar de depender de un solo eje. Para una economía abierta como la chilena, esa diversificación no es retórica diplomática: es la condición estructural de su crecimiento. La pregunta relevante no es si el consulado abre en agosto, sino si la institucionalidad que lo respalda —en Caracas y en Santiago— es suficientemente sólida para que los ciudadanos reciban el servicio sin convertirse en rehenes de la próxima crisis política bilateral.



