Louis De Grange abordó este jueves la adhesión de Chile al Escudo de las Américas de Trump y sus posibles efectos sobre la relación comercial con China, un inversor relevante en infraestructura.
Consultado en Radio Infinita sobre si ese paso podía afectar el vínculo con Pekín, el biministro de Obras Públicas y Transportes y Telecomunicaciones aseguró que las relaciones «tanto con Estados Unidos como con China van muy bien».
«Son socios estratégicos claves para nuestro país, y desde el punto de vista de infraestructura, de Obras Públicas, hemos tenido relaciones permanentes», señaló.
De Grange añadió que «los chinos han participado en múltiples proyectos», aunque reconoció que «en algunos casos han andado muy bien, en otros casos no tan bien». Aun así, sostuvo que «las puertas están abiertas para seguir trabajando con ambas potencias porque son socios estratégicos de nosotros».
Al ser consultado sobre la postura más confrontacional de Estados Unidos frente al país asiático, el biministro respondió que Chile, «como país soberano, siempre vamos a avanzar en la dirección que sea mejor para los 20 millones de chileno».
También fue preguntado por los contratos activos que mantiene el MOP con empresas chinas y si el gobierno preferiría diversificarlos o mantenerlos. De Grange dijo que la intención es mantenerlos.
«Yo creo que hay una cartera bien diversificada y los procesos son competitivos, y yo creo que eso nos deja tranquilos», afirmó. Agregó que «es abierta la política, es abierta a las empresas nacionales, internacionales, por lo tanto yo creo que en ese sentido no estamos capturados por nada especialmente y tenemos el objetivo de seguir avanzando y estamos optimistas en ello».
La lectura de fondo es simple: Chile quiere preservar el acceso a dos potencias rivales sin pagar el costo de una alineación rígida. Esa es una apuesta sensata en términos de comercio e infraestructura, pero exige disciplina política para no convertir la soberanía en una consigna vacía.
Conviene mirar los incentivos. Cuando el Estado administra contratos, concesiones y obras públicas, la promesa de apertura solo vale si los procesos siguen siendo competitivos y transparentes. En una coyuntura de tensión entre Washington y Pekín, la mejor defensa para Chile no es el ruido diplomático, sino reglas claras, libre competencia y un criterio que proteja el interés nacional sin cerrar la puerta a la inversión.

