José Antonio Kast cerró su gira por Estados Unidos con una entrevista a Bloomberg, en la que defendió que Chile no debe verse obligado a escoger entre Washington y Pekín. «No somos ni pro Estados Unidos ni pro China, somos pro Chile», dijo al ser consultado por la relación del país con ambas potencias.
El mandatario sostuvo que Chile no puede privilegiar a una potencia en desmedro de otra. Como país pequeño, pero con capacidad de producción en minerales críticos, mencionó el cobre y el litio, además de una relación comercial con China que, según dijo, sigue creciendo y una relación «histórica y estratégica» con Estados Unidos, que también se ha fortalecido.
Kast enmarcó esa postura en un contexto de tensiones entre las dos mayores economías del planeta y afirmó que a Chile le interesa «que haya paz en el mundo» y que existan acuerdos. Agregó que las convulsiones internacionales afectan a países como el suyo, especialmente cuando no producen petróleo.
La entrevista se produjo en una semana marcada por la adhesión de Chile al Escudo de las Américas, instancia promovida por Donald Trump y en la que participan 15 naciones de la región. Según la información difundida, la agenda de ese foro busca cooperación económica, seguridad y coordinación multilateral.
En el frente de las inversiones, Kast afirmó que Chile está abierto al capital extranjero, pero que cuenta con una institucionalidad que funciona «muy bien» para evitar que alguien tenga una participación demasiado alta en temas estratégicos. Mencionó el Tribunal de la Libre Competencia, las fiscalías y la separación de poderes como resguardo de la independencia del país en asuntos sensibles como la energía.
También destacó que Chile ha avanzado «mucho» en energías renovables y dijo que la matriz ya tiene «cerca del 70% de energía renovable». Añadió que existen grandes inversiones españolas, canadienses y estadounidenses, además de algunas empresas chinas, siempre resguardando «nuestra libertad, nuestra independencia y sobre todo nuestra soberanía».
Consultado por la caída de las expectativas de crecimiento, desde un 3% del PIB cuando asumió hasta menos del 1% este año, según el último Informe de Política Monetaria del Banco Central, respondió: «Somos muy optimistas y estamos haciendo las cosas en orden».
Kast dijo que Chile pasó por una década de bajo crecimiento, alta tasa de desempleo y crimen organizado. Sobre este último punto, afirmó que se han dado pasos importantes y mencionó un compromiso de Santiago con otras naciones vecinas y de Sudamérica.
También resaltó la aprobación de la megarreforma en el Congreso. «Primera vez en décadas que logramos que empiece a bajar la tasa tributaria, logramos la integración y también facilitamos la regulación que existía», sostuvo. Añadió que «en Chile mucha gente quería invertir, pero costaba por la cantidad de burocracia».
La lectura económica es clara: cuando baja la carga tributaria y se reduce la traba regulatoria, cambian los incentivos para el capital y para la creación de riqueza. Conviene mirar los incentivos. Un país que dice querer más inversión debe ofrecer reglas simples, previsibles y una burocracia más liviana.
También hay una lección geopolítica. En un mundo de tensiones entre potencias, la autonomía no se declama: se protege con instituciones, con diversificación de socios y con una economía capaz de resistir choques externos. La soberanía, en este caso, depende menos de la retórica que de la fortaleza del orden interno y de la confianza que inspire el país.

