Los artistas puertorriqueños Chayanne y Gilberto Santa Rosa, junto al dúo venezolano Chino y Nacho y la cantante Corina Smith, se incorporaron este jueves a la lista de participantes del concierto benéfico que la coalición Unidos por Venezuela organiza para el próximo 16 de agosto en el Kaseya Center de Miami.
El espectáculo arrancará a las 18:00 hora local —22:00 GMT— y contará con retransmisión simultánea. También actuarán los venezolanos Micro TDH, Noreh, Jerry Di, Jonathan Moly, Joaquina, Nella y Jorge Luis Chacín, además de los artistas de raíces hispanas Isadora y Manu Manzo.
Esta es la segunda tanda de confirmaciones. En la primera figuraban Marc Anthony, Ricardo Montaner, Feid, Jay Wheeler, Elena Rose, Silvestre Dangond, Gente de Zona, Mau y Ricky, Olga Tañón, Lasso, San Luis, Piso 21, Alleh, Zhamira Zambrano y Enrique Santos.
El motivo es de una gravedad que no admite dilación: Venezuela sufrió el pasado 24 de junio un doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que golpeó principalmente Caracas y La Guaira. El balance oficial más reciente contabiliza al menos 5.398 muertos y 16.740 heridos.
Durante el evento, el público podrá realizar donaciones a través de varias plataformas y códigos QR habilitados en el recinto. Los fondos, según informó Unidos por Venezuela, «serán administrados por reconocidas organizaciones humanitarias internacionales para responder a las necesidades que irán surgiendo durante las distintas fases de recuperación». El concierto incluirá además reportajes sobre las labores de rescate, el trabajo de organizaciones sobre el terreno y testimonios de los afectados.
Conviene mirar los incentivos. La decisión de canalizar los recursos a través de organizaciones humanitarias internacionales —y no del aparato estatal venezolano— no es un detalle menor: garantiza que el dinero de los donantes llegue a quienes lo necesitan sin pasar por una burocracia cuya capacidad de gestión y transparencia han sido cuestionadas reiteradamente. En un país donde las instituciones públicas llevan años bajo presión, la sociedad civil y la diáspora están supliendo lo que el Estado no puede o no quiere proveer.
El dato importa más que el ruido. Una catástrofe de esta magnitud —más de cinco mil muertos en un solo evento— exige respuestas que trasciendan la retórica oficial. Que artistas de la talla de Chayanne o Marc Anthony pongan su capital simbólico al servicio de una causa concreta, con mecanismos de rendición de cuentas externos al gobierno, es precisamente el modelo que la cooperación privada puede ofrecer cuando las instituciones fallan. La historia sugiere cautela sobre cuánto llega al final; pero la arquitectura elegida apunta, al menos, en la dirección correcta.



