La Casa Blanca publicó el miércoles memos del FBI desclasificados que revelan la existencia de una investigación sobre el presidente Donald Trump bajo el nombre en clave «Oxferd Comma», una denominación con dos anomalías ortográficas que han encendido las alarmas entre críticos del anterior liderazgo del buró.
Según un memo del FBI fechado el 16 de mayo de 2017, los investigadores buscaban determinar si Trump fue «dirigido, controlado y/o coordinó actividades con la Federación Rusa de una manera que constituya una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos y/o una violación de estatutos penales federales». La pesquisa se abrió días después de que Trump despidiera al entonces director del FBI, James Comey, en mayo de 2017. La Casa Blanca había justificado inicialmente ese despido citando el manejo de Comey en la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton.
Jeff Clark, quien se presenta como vicepresidente de litigios en el Oversight Project, afirmó ante Fox News Digital que el nombre en clave fue alterado de forma intencional. «El FBI bajo James Comey y Christopher Wray estaba irremediablemente corrompido. Para castigar el despido de Comey por parte del presidente Trump, crearon una investigación ridícula sobre Trump bajo la teoría de que era un agente ruso consciente o inconsciente», declaró Clark.
Clark señaló que el nombre presenta dos irregularidades: la palabra «Oxford» aparece escrita como «Oxferd», y según explicó en redes sociales, consultó con un experto en documentos que concluyó que la primera «o» de «Comma» es en realidad un cero —resultando en «C0MMA»—. Según Clark, esta combinación habría dificultado encontrar registros de la operación mediante solicitudes de Ley de Libertad de Información (FOIA), ya que una búsqueda con la ortografía correcta no arrojaría resultados.
«Los gerentes del FBI pensaron que esto era ingenioso. Se imaginaban como Blofeld en una película de James Bond, derrotando astutamente a la Ley de Libertad de Información», agregó Clark, en referencia al supervillano de la franquicia cinematográfica.
Clark también especuló, sin presentar evidencia documental adicional, que el nombre podría ser un homenaje al propio Comey, conocido entre sus asociados por su preferencia por la coma de Oxford. «Pero eso no explica por qué fue deliberadamente mal escrito como 'Oxferd'», reconoció el propio Clark.
El dato importa más que el ruido. Lo que está en juego no es solo una curiosidad lexicográfica: si la alteración del nombre fue deliberada, constituiría un intento de blindar registros gubernamentales frente a la fiscalización ciudadana que la FOIA garantiza. Conviene mirar los incentivos: un aparato estatal capaz de codificar sus propias investigaciones para eludir la transparencia no actúa como servidor público, sino como poder autónomo.
Para la administración Trump, la publicación de estos memos es un paso en la narrativa de que la maquinaria institucional del FBI buscó sabotear su primer mandato. La historia sugiere cautela ante cualquier conclusión definitiva mientras no se publique la totalidad de los documentos, pero el patrón que emerge —una investigación abierta días después de un despido legítimo, con un nombre diseñado para eludir búsquedas— es, cuanto menos, una señal de que las instituciones también pueden ser capturadas por quienes las habitan.



