Un informe publicado por la Casa Blanca el jueves identifica a unos 40 países como puntos de alto riesgo para el reenvío de productos chinos hacia Estados Unidos, práctica que Washington califica de ilegal. Entre los señalados figuran México, Canadá, la Unión Europea, Taiwán, India, Japón, Corea del Sur y Vietnam.
El mecanismo descrito consiste en realizar el montaje final de mercancías chinas en un tercer país para que no sean clasificadas como «hechas en China» al cruzar la frontera estadounidense. De ese modo, las empresas aprovechan los aranceles más bajos que Washington aplica a esos países intermediarios.
El documento describe una «red que opera tanto en líneas de producción como en líneas logísticas». Según el informe, la práctica priva al erario estadounidense de «decenas de miles de millones de dólares», en palabras del asesor comercial Peter Navarro, quien habló durante una rueda de prensa telefónica.
«Desde hace años, China lleva a cabo una auténtica estafa mediante el reenvío de productos, enmascarando su origen durante el tránsito por unos cuarenta países, robándonos nuestro presupuesto en decenas de miles de millones de dólares», afirmó Navarro. El funcionario añadió que «un motor chino en un sillón reclinable vietnamita sigue siendo un motor chino y es un trabajo estadounidense destruido», y recordó que el presidente Trump ha prometido «poner fin a esta confiscación mediante aranceles más altos y una frontera mejor protegida».
La inclusión de México en la lista es políticamente sensible. El país opera bajo el T-MEC, el acuerdo trilateral que le otorga acceso preferencial al mercado estadounidense, y su economía depende de manera significativa de las exportaciones hacia ese destino. Según declaraciones recientes del representante comercial Jamieson Greer recogidas por medios mexicanos, Ciudad de México ha sido «muy pragmática» en su relación con Washington y «depende bastante» del mercado estadounidense, lo que limita su margen de represalia.
La acusación llega en un momento en que la administración Trump intensifica su ofensiva arancelaria contra Beijing y revisa los mecanismos de origen de las mercancías. Para Washington, el problema no es solo comercial: es una cuestión de soberanía fiscal y de integridad de las cadenas de suministro.
La lectura de Continente. El dato importa más que el ruido diplomático: si la Casa Blanca documenta que el dinero de los contribuyentes estadounidenses se pierde por una red de triangulación, la presión sobre los países señalados será creciente, independientemente de los acuerdos comerciales vigentes. Para México, cuya manufactura de exportación está profundamente integrada con capital e insumos asiáticos, el escrutinio sobre el origen real de sus productos puede convertirse en una variable de negociación tan relevante como los propios aranceles. Conviene mirar los incentivos: mientras el diferencial arancelario entre China y sus socios comerciales sea tan amplio, la triangulación seguirá siendo rentable. La única respuesta duradera es una política industrial que ancle valor agregado doméstico real, no solo ensamblaje de última milla.



