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Canadá y la UE desafían a Trump con una alianza más profunda

Carney defendió en Estrasburgo que Ottawa decida con quién firma acuerdos y no ceda soberanía ante la presión de Washington. Trump respondió con la amenaza de aranceles muy elevados si ve el acercamiento a Europa como un acto hostil.
Internacionaljueves 17 de septiembre de 2026

Canadá decidió elevar el tono frente a Donald Trump y empujar una relación más estrecha con la Unión Europea. En Estrasburgo, el primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó que «nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos alcanzar acuerdos a nivel internacional», en respuesta a las críticas del presidente de Estados Unidos a la propuesta de reforzar los lazos entre Ottawa y Bruselas.

Trump calificó la idea de un posible «acto hostil» y advirtió que impondrá «aranceles muy elevados» a la UE si concluye que la iniciativa tiene mala intención. El choque dejó a la vista una tensión más amplia: Canadá busca reducir su dependencia de Estados Unidos y ampliar su margen estratégico al otro lado del Atlántico.

Carney celebró la propuesta de Ursula von der Leyen de convertir a Canadá en el primer miembro asociado de la UE, una figura que hoy no existe en los tratados del bloque y que tendría que crearse. También respaldó una integración más profunda en comercio, defensa, minerales críticos, inteligencia artificial, energía, espacio, investigación y servicios financieros.

El primer ministro canadiense dijo que el objetivo es reforzar la resiliencia del país para que nadie pueda controlar sus mercados, socavar su soberanía o dictar sus decisiones. Negó que se trate de construir un tercer bloque para competir con las grandes potencias «con mejores modales».

La apuesta no surge en el vacío. Canadá despacha alrededor del 70% de sus exportaciones a Estados Unidos, una dependencia que lo deja expuesto a los aranceles de Trump. Ottawa ha tomado represalias y ha rechazado exigencias que, según Carney, amenazan la soberanía del país. Europa, en cambio, aceptó aranceles de hasta el 15% sobre la mayoría de sus exportaciones a Estados Unidos.

Von der Leyen dijo que Canadá y la UE deberían ir más allá de su actual acuerdo de libre comercio y crear una «Alianza para el Futuro» con un «espacio común de prosperidad y seguridad económica». Carney, sentado en la primera fila del hemiciclo, asintió y abrazó a la presidenta de la Comisión Europea mientras los eurodiputados lo ovacionaban de pie.

El dato importa más que el ruido: la discusión no es solo diplomática, sino económica. Conviene mirar los incentivos. Un país con alta exposición comercial busca diversificar sus riesgos; un bloque que quiere más autonomía estratégica ve una oportunidad para sumar capacidad industrial y política. La pregunta es si ambos pueden hacerlo sin quedar atrapados en la coerción de la potencia dominante.

Para los contribuyentes y las empresas, la señal es clara. Cuando Washington usa aranceles como palanca, obliga a sus socios a recalcular costos, cadenas de suministro y decisiones de inversión. Y cuando Bruselas habla de «prosperidad y seguridad económica», está admitiendo que el orden internacional ya no se sostiene solo con declaraciones, sino con capacidad real de resistir presiones. La historia sugiere cautela.

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