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Camión de catering, avión señuelo y vuelo secreto: cómo protegieron a Trump de un complot iraní en Ankara

Inteligencia identificó una amenaza «creíble» contra el presidente durante la cumbre de la OTAN en Turquía; la operación de engaño, según reportes, no tiene precedente público en la historia reciente.
Imagen ilustrativa
Estados Unidosmartes 11 de agosto de 2026

El 8 de julio, mientras la cumbre de la OTAN concluía en Ankara, los servicios de seguridad de Estados Unidos ejecutaron una operación de engaño sin precedente público: el presidente Donald Trump abordó visiblemente el antiguo Air Force One —el Boeing 747 azul y blanco— frente a las cámaras, saludó y entró a la cabina. Minutos después, antes del despegue, fue sacado del avión en un camión de catering que había sido elevado hasta una puerta en el lado opuesto de la aeronave, lejos de los periodistas.

El camión descendió al nivel de la pista y condujo a Trump y a un pequeño grupo de asesores hasta un Air Force C-32A, un Boeing 757 modificado estacionado en las cercanías. Según reportó The Washington Post —citado por Fox News, New York Post y Washington Examiner—, el secretario de Guerra Pete Hegseth abordó ese mismo avión por las escaleras exteriores «para hacer que el vuelo pareciera típico», según un funcionario estadounidense.

El antiguo 747, con periodistas y personal de la Casa Blanca a bordo —todos convencidos de que el presidente viajaba con ellos—, despegó como señuelo. Los reporteros recibieron instrucciones de bajar las persianas de sus ventanillas antes del despegue. Según datos de seguimiento de vuelos revisados por The Washington Post, la aeronave apareció inicialmente en radar sin indicativo antes de adoptar el código «AF1» en pleno vuelo, pese a que Trump no estaba a bordo.

El C-32A con Trump aterrizó en la base aérea de RAF Mildenhall, en el Reino Unido, aproximadamente nueve minutos antes que el avión señuelo. Las cámaras de televisión registraron a Trump descendiendo las escaleras del Air Force One unos 25 minutos después de que ese avión aterrizó. No está claro cómo se produjo el traslado entre ambas aeronaves en suelo británico.

La amenaza que detonó la operación fue calificada de «creíble» por un funcionario estadounidense consultado por The Washington Post. El Wall Street Journal reportó que Israel alertó a Estados Unidos sobre un posible complot de asesinato iraní contra Trump. El contexto es relevante: semanas antes, fuerzas militares estadounidenses habían ejecutado ataques contra objetivos iraníes, y el propio Trump declaró en una conferencia de prensa de la OTAN ser «el número uno en la lista de objetivos de Irán».

La Casa Blanca no desmintió el reporte. El director de comunicaciones Steven Cheung destacó en un comunicado que el nuevo Air Force One —el jet donado por Qatar, valorado en 400 millones de dólares— «ha sido equipado con protocolos de seguridad de alto nivel». La Fuerza Aérea emitió su propio comunicado afirmando que la aeronave es «segura, protegida y equipada con las tecnologías más avanzadas».

Un funcionario estadounidense señaló a The Washington Post que esta no fue la primera operación de este tipo: en los últimos 30 años ha habido varios casos en que un presidente abordó en secreto un segundo avión tras embarcar públicamente en el primero debido a amenazas graves, aunque ninguno había sido confirmado públicamente hasta ahora.

Conviene mirar los incentivos. La operación revela que la amenaza iraní contra Trump es evaluada por los servicios de inteligencia con suficiente seriedad como para justificar un engaño de esta escala, que involucró a periodistas, personal de la Casa Blanca y al propio aparato de comunicaciones presidencial. El dato importa más que el ruido: no se trata de retórica de campaña, sino de una maniobra táctica ejecutada en suelo aliado, coordinada con inteligencia israelí y activada por ataques militares previos. La historia sugiere cautela ante quienes minimizan la capacidad operativa de Teherán; esta operación indica que Washington no la minimiza.

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