Cali afronta este domingo 12 de julio condiciones propias de su clima tropical: temperatura máxima de 30 grados centígrados y mínima de 21 grados, con un índice de rayos ultravioleta de 5.
La probabilidad de lluvia durante el día alcanza el 89%, acompañada de una nubosidad del 93%. Por la noche, ambos indicadores suben: 98% de probabilidad de precipitaciones y 99% de nubosidad. Las ráfagas de viento se estiman en 17 kilómetros por hora en horas diurnas y 15 kilómetros por hora durante la noche.
El dato resulta llamativo porque julio es, en rigor, uno de los meses más secos del año en Cali. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), junio, julio y agosto conforman la temporada seca de la ciudad. Las dos temporadas de lluvias más intensas van de marzo a mayo y de octubre a diciembre, con abril y noviembre como los meses de mayor precipitación.
La temperatura promedio histórica de Cali es de 24 grados centígrados, con máximas que oscilan entre 30 y 31 grados y mínimas nocturnas de entre 19 y 20 grados, de acuerdo con el IDEAM.
Ubicada al norte del Valle del Cauca, Cali tiene un clima principalmente tropical, caracterizado como cálido y seco en su perfil general. Sin embargo, la diversidad climática de Colombia —resultado de su geografía compleja, que incluye costas sobre el Mar Caribe y el Océano Pacífico, además de tres cordilleras que atraviesan el país de norte a sur— genera variaciones significativas incluso dentro de una misma región.
El IDEAM identifica al menos cuatro grandes tipos de clima en el territorio colombiano: tropical, seco, templado y frío de alta montaña. Dentro del tropical se distinguen cuatro subtipos: lluvioso de selva o ecuatorial, lluvioso de bosque o monzónico, sabana con invierno seco y sabana con verano seco. Cali y el Valle del Cauca se enmarcan en la categoría de sabana con verano seco, que incluye los valles interandinos de Tolima, Huila, Valle, Cauca y Nariño.
Conviene mirar los incentivos detrás de la planificación urbana y la gestión del riesgo climático. Una ciudad como Cali, con infraestructura de drenaje sometida a presión constante y episodios de lluvia intensa incluso en temporada seca, requiere inversión sostenida en obras públicas y sistemas de alerta temprana. El dato importa más que el ruido: cuando la probabilidad de precipitaciones supera el 89% en un mes históricamente seco, la capacidad de respuesta institucional —y no solo el pronóstico meteorológico— es lo que determina el impacto real sobre los ciudadanos y la actividad económica local.



