El mercado colombiano de vehículos eléctricos aceleró con fuerza en la primera mitad de 2026. Según registros de ANDI y Fenalco, se matricularon 24.477 unidades eléctricas nuevas entre enero y junio, lo que representa un incremento del 235,5 % frente al periodo comparable anterior. La cifra convierte a Colombia en un destino estratégico para los grandes fabricantes globales.
BYD figura como la segunda marca en número de matrículas durante ese semestre. Su importador oficial, Motorysa, ya mira hacia el gobierno del presidente electo Abelardo De La Espriella, que asumirá el 7 de agosto de 2026, con una agenda concreta de peticiones.
Marco Pastrana, presidente de Motorysa, resumió en tres ejes lo que la industria espera del nuevo ejecutivo. Primero, «mantener reglas claras y estables para los eléctricos y los híbridos enchufables», porque, según sus palabras, «las inversiones de largo plazo requieren seguridad jurídica y una hoja de ruta que trascienda los periodos presidenciales». Segundo, un programa nacional de infraestructura de carga rápida construido mediante alianzas público-privadas, con foco en los principales corredores viales. Tercero, agilizar trámites de conexión eléctrica, licenciamiento, importación de equipos y certificación de proyectos.
Pastrana también se refirió al impacto de la reciente entrada de Tesla al mercado colombiano. Lejos de verlo como una amenaza, lo encuadró como un catalizador: «La llegada de nuevos participantes obliga a todas las marcas a innovar, mejorar sus propuestas y acercar la movilidad eléctrica a más consumidores. Además, confirma que Colombia dejó de ser un mercado marginal para los eléctricos y se convirtió en uno estratégico».
El diagnóstico de infraestructura es el punto más urgente. El ejecutivo señaló que Colombia necesita más cargadores públicos —especialmente de carga rápida— en carreteras, corredores intermunicipales, centros urbanos y ciudades intermedias. A ello se suman la falta de reglas comunes de interoperabilidad entre redes y la ausencia de mecanismos unificados de pago.
El dato importa más que el ruido. Un crecimiento del 235,5 % en matriculaciones es una señal de mercado difícil de ignorar, pero el ritmo de ventas ha superado con claridad el ritmo de la infraestructura de soporte. Si los cargadores públicos no proliferan al mismo paso, el entusiasmo del consumidor chocará contra la realidad de las carreteras.
Conviene mirar los incentivos. El modelo que propone Motorysa —alianzas público-privadas, seguridad jurídica y desregulación de trámites— es precisamente el que genera inversión sin cargar el gasto público con subsidios discrecionales. De La Espriella recibirá un sector en expansión y una industria dispuesta a invertir; la pregunta es si su gobierno optará por el camino de las reglas estables y la colaboración con el capital privado, o por el de la intervención regulatoria que tanto frenó otros sectores durante el ciclo anterior. La historia sugiere cautela: los mercados que prosperan son los que ofrecen certeza, no los que negocian las reglas caso por caso.



