Christian Brueckner, de 49 años y principal sospechoso en la desaparición de Madeleine McCann, supuestamente agredió a agentes de policía frente a un supermercado en Kiel, norte de Alemania, el pasado 6 de junio, según informó el semanario alemán Der Spiegel.
El incidente comenzó cuando Brueckner fotografió a los agentes con su teléfono móvil desde una distancia que su abogado, Philipp Marquort, describió como «más de 40 metros» y calificó de «sin problemas». Los policías le solicitaron que entregara el dispositivo; Brueckner se negó. La situación escaló hasta el enfrentamiento físico. «Durante el curso de la intervención policial se produjo una agresión física o acto de resistencia contra agentes del orden», declaró una portavoz de la policía de Kiel a Der Spiegel. Uno de los agentes resultó con una lesión en la rodilla. Brueckner queda ahora bajo investigación tanto por el incidente físico como por las fotografías.
El historial del sospechoso es conocido. Brueckner cumplió una condena de siete años en una prisión de Sehnde, Alemania, por la violación en 2005 de una mujer estadounidense de entonces 72 años, delito cometido en Portugal. Fue puesto en libertad en septiembre del año pasado. Desde entonces, las autoridades alemanas le cancelaron el pasaporte, le impusieron un dispositivo de seguimiento electrónico y le exigen declarar un lugar de residencia que no puede abandonar sin autorización, según Der Spiegel.
Tras su excarcelación, Brueckner fue trasladado a Neumünster, donde vecinos que conocían su identidad lo «insultaron verbalmente y amenazaron», según reportó la Agence France-Presse. Posteriormente se desplazó a Braunschweig en un intento fallido de confrontar a los fiscales que lo señalan como responsable de la desaparición de McCann, y finalmente recaló en Kiel, donde en octubre pasado se informó que vivía en una tienda de campaña bajo protección policial ante posibles ataques.
En cuanto al caso que lo hizo tristemente célebre: Madeleine McCann desapareció el 3 de mayo de 2007, cuando tenía tres años, del apartamento de vacaciones de sus padres en el Ocean Club de Praia da Luz, Portugal. Sus progenitores, Kate y Gerry McCann, cenaban a unos 55 metros del apartamento cuando la niña fue vista por última vez. Las autoridades alemanas revelaron en 2020 que investigaban a Brueckner en relación con esa desaparición. En abril de 2022, los fiscales portugueses lo declararon «arguido» —sospechoso— sin nombrarlo formalmente. Sin embargo, en 2024 fue absuelto de tres cargos de violación y dos de abuso sexual infantil vinculados a hechos supuestamente ocurridos en Portugal entre 2000 y 2017. Nunca ha sido formalmente acusado por la desaparición de McCann y ha rechazado las solicitudes de entrevista de la Policía Metropolitana de Londres, que mantiene activa la investigación conocida como Operación Grange.
Conviene mirar los incentivos que genera la gestión de este caso. Brueckner sale de prisión con pasaporte cancelado, tobillera electrónica y restricciones de movimiento, pero sin que ninguna fiscalía haya podido sostener cargos por el crimen que lo convirtió en figura global. El Estado alemán lo vigila y lo protege simultáneamente, mientras las familias de sus víctimas documentadas y la de Madeleine McCann esperan respuestas que el sistema judicial lleva casi dos décadas sin poder ofrecer. El dato importa más que el ruido: la reincidencia en conductas de confrontación con la autoridad, apenas meses después de recuperar la libertad, no augura una reinserción tranquila ni cierra ninguna de las preguntas abiertas.

