La Secretaría de Salud de México confirmó 33 casos de ciclosporiasis distribuidos en diversas entidades federativas, todos bajo seguimiento epidemiológico conforme a los protocolos nacionales. La cifra contrasta con la magnitud del brote en Estados Unidos, donde se han reportado más de 18 mil casos confirmados y dos muertes asociadas.
La enfermedad es causada por Cyclospora cayetanensis, un parásito microscópico unicelular que infecta el intestino delgado. La investigación estadounidense apuntó inicialmente a la empacadora Taylor Farms, que opera en el estado de Guanajuato, como posible fuente del brote. Sin embargo, las visitas de verificación, la revisión documental, la rastreabilidad de productos y la toma de muestras realizadas por autoridades sanitarias de ambos países no identificaron la presencia del parásito en esa instalación.
«Los análisis realizados hasta este momento por las autoridades sanitarias de México y de Estados Unidos no han identificado la presencia de Cyclospora cayetanensis en las muestras recolectadas», señaló la Secretaría de Salud en un comunicado oficial.
El caso adquirió una dimensión internacional adicional cuando la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido emitió una alerta por casos de ciclosporiasis reportados en turistas británicos que visitaron la Riviera Maya. En respuesta, la COFEPRIS y la Dirección General de Epidemiología desplegaron cinco brigadas que concluyeron el 4 de agosto la inspección de 16 hoteles en Quintana Roo. Las brigadas realizaron inspecciones físicas, entrevistas epidemiológicas, revisión de procesos, rastreabilidad de alimentos y toma de muestras de frutas, verduras y agua. Los laboratorios procesan actualmente ese material; los resultados se darán a conocer una vez concluidos los análisis.
La cadena de eventos coloca a México en una posición incómoda: la FDA estadounidense mantiene el retiro de lechuga mexicana del mercado pese a que ninguna muestra ha arrojado positivo en la empacadora señalada. La alerta británica agrega presión sobre el sector turístico de Quintana Roo, uno de los motores de divisas del país, en plena temporada alta.
Conviene mirar los incentivos. El aparato sanitario mexicano tiene razones políticas y económicas para demostrar que sus instalaciones exportadoras cumplen estándares, y eso no invalida sus hallazgos, pero sí exige que los resultados de los 16 hoteles inspeccionados se publiquen con la mayor transparencia y celeridad posibles. La credibilidad de las instituciones de salud pública —y, con ella, la reputación de una industria agroalimentaria que emplea a miles de trabajadores y genera ingresos para el país— depende de que los datos lleguen al público antes de que el ruido mediático internacional los sustituya por especulación. El dato importa más que el ruido, pero solo si llega a tiempo.



