Los líderes de los países BRICS adoptaron por unanimidad la «Declaración de Nueva Delhi» en la capital de India, tras una sesión plenaria en la que Narendra Modi dio por aprobado el texto al no recibir objeciones. La declaración recoge posiciones sobre asuntos globales y una hoja de ruta para reforzar la cooperación dentro del bloque.
El principal eje del documento fue Medio Oriente. La declaración expresó «profunda preocupación» por la «continua escalada de tensiones en Oriente Medio» y llamó a las partes a mantener la «máxima contención» y evitar acciones que puedan agravar el conflicto. También pidió proteger a la población civil y a la infraestructura, incluidas las instalaciones nucleares.
Xi Jinping advirtió que la guerra en Irán «no sirve a los intereses comunes» de los integrantes del bloque. Los BRICS también respaldaron los esfuerzos diplomáticos orientados a alcanzar «una paz duradera, seguridad y estabilidad en la región».
La aprobación puso fin a negociaciones que se mantuvieron abiertas hasta pocas horas antes de la sesión de líderes. El consenso era uno de los principales desafíos de la cumbre, dadas las distintas posiciones de los 11 integrantes frente a conflictos como los de Medio Oriente y Ucrania.
Actualmente, los BRICS están integrados por Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia. La fotografía política es conocida: un bloque que busca hablar con una sola voz, pero que reúne intereses nacionales muy distintos.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un grupo tan heterogéneo logra una declaración unánime, el logro es real, pero también limitado: el texto evita una ruptura y fija una posición común mínima, no resuelve las divergencias de fondo. El dato importa más que el ruido.
Para el orden internacional, el valor de estas cumbres reside menos en la retórica que en la disciplina para sostener compromisos verificables. Si el BRICS quiere proyectarse como un actor relevante, necesita algo más que una foto en Nueva Delhi: necesita coordinación efectiva entre gobiernos que, por ahora, siguen mirando el mapa desde capitales muy distintas.
